ESTUDIOS SOBRE S. LUCAS - Lecciones 1 a 25



COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS

Lección nº 1:
INTRODUCCIÓN
Lucas 1: 1-4
El Autor de un Libro único
Se ha dicho que el Evangelio según San Lucas es el libro más maravilloso del mundo. La tradición ha creído siempre que Lucas fue su autor, y no tenemos por qué dudarlo.
Lucas era gentil; tiene la característica exclusiva de ser el único escritor del Nuevo Testamento que no era judío. Era médico de profesión (Colosenses 4:14), y tal vez eso era lo que le daba la gran ternura que poseía.
El libro está dedicado a un hombre que se llamaba Teófilo. Se le llama Excelentísimo Señor, que era el título que se daba normalmente a los altos funcionarios del gobierno romano. No hay duda de que Lucas escribió su libro para hacerle saber más de Jesús a un honrado buscador; Teófilo debe de haber atraído su corazón más cerca del Jesús del que ya tenía noticias.

Para los gentiles…
Está claro que Lucas escribió principalmente para los gentiles. Teófilo era gentil, lo mismo que Lucas, y no hay nada en su evangelio que no pudiera captar o entender un gentil.
Lucas empieza fechando un acontecimiento en referencia al emperador romano y al actual gobernador romano. La fecha romana aparece en primer lugar.
A diferencia de Mateo, Lucas no tiene, interés especial en presentar la vida de Jesús como el cumplimiento de las profecías judías y rara vez cita el Antiguo Testamento y además tiene la costumbre de dar los nombres hebreos en su equivalente griego para que le puedan entender los de cultura griega… En la genealogía de Jesús no se remonta sólo hasta Abraham, el patriarca del pueblo de Israel, como hace Mateo, sino hasta Adán, el primer hombre y fundador de la raza humana (cp. Mateo 1:2, con Lucas 3:38).
Por todo lo dicho Lucas es el más fácil de leer de los cuatro evangelios. Fue escrito no para los judíos, sino para personas parecidas a nosotros.

Un Evangelio universal
Pero la característica más sobresaliente de Lucas es que es el evangelio universal: desaparecen todas las barreras, y Jesucristo es para todo el mundo, sin distinción.
El Reino de los Cielos no se les cierra a los samaritanos (Lucas 9:51-56) y además Lucas es el único que nos cuenta la parábola del Buen Samaritano (10:30-37). El único leproso agradecido era samaritano (17:11-19)…
Lucas nos muestra a Jesús hablando con aprecio de los gentiles, a los que un judío habría considerado impuros. Nos presenta a Jesús citando a la viuda de Sarepta y al sirio Naamán como brillantes ejemplos (4:25-27), y alabando al centurión romano por tener más fe que nadie en todo Israel (7:9). Lucas nos conserva aquella gran afirmación de Jesús de que “vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Sur, y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios” (13:29).
Lucas tiene un interés prioritario en los pobres. Cuando María trae la ofrenda para su purificación, es la de los pobres (2:24). Cuando Jesús les está presentando, como si dijéramos, sus credenciales a los emisarios de Juan el Bautista, el clímax es: “a los pobres se les anuncia el Evangelio” (7:22). Lucas es el único que nos cuenta la parábola del Rico y Lázaro (16:19-31). En el pasaje de las bienaventuranzas, Lucas no pone, como Mateo (5:3): “Bienaventurados los pobres en espíritu”; sino “Bienaventurados vosotros los pobres” (Lucas 6:20). Algunos han llamado a Lucas “el evangelio de los marginados”. Y es verdad que a Lucas se le conmueve el corazón ante cualquiera que se enfrenta con la vida en inferioridad de condiciones.
Por encima de todo Lucas nos presenta a Jesús como el amigo de los marginados y de los pecadores. Lucas es el único que nos habla de la mujer que ungió los pies de Jesús y los lavó con sus lágrimas y los secó con sus cabellos en casa del fariseo Simón (7:36-50); de Zaqueo, el publicano colaboracionista (19:1-10); del ladrón arrepentido (23:43), y Lucas es el único que nos ha conservado la inmortal parábola del Hijo Pródigo y de su amante padre (15:11-32).
Entre todos los evangelistas Lucas es el que mejor comprende que el amor de Dios no tiene límites.

Búsqueda e inspiración
Lucas 1: 1-4
La introducción de Lucas es la única entre los cuatro evangelios en la que el autor sale a escena y usa el pronombre personal “yo”. Hay que subrayar tres cosas en este pasaje:
-Es el mejor griego de todo el Nuevo Testamento. Lucas usa aquí la misma forma de introducción que habían usado todos los grandes historiadores griegos.
Es como si se dijera: “Voy a escribir la historia más importante del mundo, y sólo lo mejor es digno de ella...” 
-Es sumamente significativo que a Lucas no le satisfacían las vidas de Cristo de los demás: tenía que tener la suya. La verdadera religión no es nunca de segunda mano, sino un descubrimiento personal…Lucas siguió buscando, porque quena encontrar más plenamente a Jesús por sí mismo.
-No hay pasaje de la Biblia que arroje más luz que éste sobre la doctrina de la inspiración de las Sagradas Escrituras. Ningún creyente negaría que el evangelio de Lucas es un documento inspirado; y sin embargo su autor empieza diciéndonos que es el producto de la más cuidadosa investigación histórica.
La inspiración no le llueve del Cielo al que se sienta con los brazos cruzados y se limita a esperar; sino al que piensa, y busca, e investiga. La verdadera inspiración viene cuando el revelador Espíritu de Dios le sale al encuentro a la buscadora mente del hombre. Dios da su Palabra, pero se la da al que la busca (Mateo 7:7).




Lección nº 2:
DOS ANUNCIOS Y UN HERMOSO HIMNO
Lucas 1: 5-56
La promesa a Zacarías
Lucas 1: 5-25
Zacarías, el personaje principal de esta escena, era sacerdote. Pertenecía a la orden de Abías. Todos los descendientes directos de Aarón, el hermano de Moisés, eran sacerdotes de nacimiento. Esto hacía que hubiera demasiados sacerdotes para todos los propósitos ordinarios.
Estaban divididos en veinticuatro órdenes o secciones. No ejercían el sacerdocio todos más que en Pascua, Pentecostés y la fiesta de los Tabernáculos. El resto del año cada orden ministraba dos períodos de una semana cada uno. Los sacerdotes que amaban su ministerio estaban deseando que les llegara su semana de turno, que era lo más importante de su vida.
Los sacerdotes se tenían que casar con mujeres que fueran de pura raza judía, y constituía un mérito especial el casarse con una descendiente de Aarón, que era el caso de Elisabet, la mujer de Zacarías.
Los sacrificios de la mañana y de la tarde se ofrecían por toda la nación. Antes del sacrificio de la mañana y después del de la tarde se quemaba incienso en el altar del incienso, para que los sacrificios se elevaran, como si dijéramos, envueltos en un aroma agradable. Era posible que a muchos sacerdotes no les correspondiera quemar incienso en toda la vida; pero si le tocaba en suerte, aquel día era el más grande de la vida de un sacerdote, el más deseado y esperado. Y aquel día le tocó en suerte a Zacarías…
Pero había una tragedia en la vida de Zacarías: su esposa y él no tenían hijos. Estoo era considerado casi una maldición... La esterilidad era causa suficiente para el divorcio. Por tanto, no nos sorprendería que Zacarías, aun en este su gran día, estuviera pensando en su tragedia personal y la tuviera presente en sus oraciones. Y entonces tuvo aquella maravillosa visión y recibió el gozoso mensaje de que, aunque ya había perdido toda esperanza, le nacería un hijo.
Se quemaba el incienso y se hacía la ofrenda en el atrio más interior del templo, el Atrio de los Sacerdotes. Mientras se ofrecía el sacrificio, la congregación se agolpaba en el siguiente atrio, el Atrio de los Israelitas. El sacerdote que había oficiado el sacrificio de la tarde tenía el privilegio de salir a la barandilla que separaba ambos atrios para bendecir desde allí a los presentes.
La gente se sorprendía de que Zacarías se retrasara tanto. Cuando por fin apareció, no podía hablar, y la gente comprendió que había tenido una visión. Y así, en un deslumbramiento inefable de gozo Zacarías terminó su semana de servicio y se marchó a casa; y allí y entonces empezó a hacerse realidad el mensaje de Dios, y Elisabet se dio cuenta de que iba a tener un niño.

El mensaje a María
Lucas 1: 26-38
María era la prometida de José. El compromiso matrimonial duraba un año, y era tan indisoluble como el matrimonio; sólo se podía romper por la muerte o por el divorcio. Si moría el hombre que estaba prometido con una mujer, ella era viuda a los ojos de la ley. En las leyes de los judíos encontramos a veces la extraña frase “una virgen que es viuda”….
En este pasaje nos encontramos frente a frente con una de las doctrinas más controvertidas de la fe cristiana: el nacimiento virginal de Jesús. Hay dos grandes razones para aceptarla.
a) El sentido literal de este pasaje, y todavía más del de Mateo 1:18-25, no deja lugar a dudas de que Jesús nació de María sin la intervención de un padre humano.
b) Es natural aceptar que, puesto que Jesús fue una persona extraordinaria y absolutamente única, su e
entrada en el mundo también lo fue.
Además es fundamental entender que al ser concebidos todos los seres humanos heredamos aquella tendencia a pecar que nos legó Adán; la concepción virginal de Jesús rompe esta tendencia y debe ser entendida fundamentalmente desde esta perspectiva... Esto no quiere decir que Jesús estaba exento de la posibilidad de pecar. En esto Jesús es igual a Adán (Romanos 5: 12 y siguientes).
La sumisión de María es realmente encantadora: “Yo soy la esclava del Señor”, respondió María al ángel sencillamente; “que haga conmigo como ha dispuesto y tú me has dicho”... Estaba dispuesta a aceptar lo que Dios decidiera. No hizo preguntas, ni puso condiciones; puesto que había sido Dios quien lo había decidido.
Es ejemplar la sencillez y la humildad con que María recibió el mensaje de Dios que había de transformar radicalmente su vida. No tenemos ni el más mínimo indicio de que se considerara digna de aquel honor, ni de que creyera merecer ningún trato especial de los hombres o de Dios por ser la madre del Mesías. Lejos de recluirse en algún lugar seguro, en el pasaje siguiente la veremos emprender un molesto viaje, sin duda para ir a ayudar a Elisabet en las molestias del embarazo en edad muy avanzada.
Aquel extraordinario favor de Dios, la más grande bienaventuranza que podía recibir una mujer, le traería muchas pruebas, como la huida y el destierro, hasta la suprema de ver a su amado hijo en la cruz.

Una paradoja…
Lucas 1:39-45
Esta es una maravillosa exposición lírica de la bienaventuranza de María. En ninguna vida se ve más clara que en la suya la paradoja de la bienaventuranza. A María se le concedió la bienaventuranza de ser la madre del Hijo de Dios. Bien podía llenársele el corazón de una alegría trémula y maravillada por tan gran privilegio. Y sin embargo, esa misma bienaventuranza iba a ser como una espada que le atravesara el corazón; porque conllevaba el destino de ver un día a ese hijo clavado en una cruz.
La inquietante realidad es que Dios no escoge a una persona para darle tranquilidad y comodidad y disfrute egoísta, sino para una misión que requerirá todo lo que la mente y el corazón y las fuerzas puedan dar de sí. Dios escoge a una persona para usarla…
Cuando somos conscientes de esta verdad, los dolores y las dificultades que conlleva el servicio de Dios dejan de ser tema de lamentaciones y se convierten en nuestra gloria, porque todo lo sufrimos por el Señor. Jesucristo no vino para hacer la vida fácil, sino para hacer grandes a los hombres.

Un himno maravilloso
Lucas 1:46-56
Este pasaje se ha convertido en uno de los grandes himnos de la Iglesia, el Magníficat. Nos recuerda a los salmos del Antiguo Testamento, y se parece especialmente al cántico de Ana, de 1 Samuel 2:1-10.
Habla de tres de las obras más notables de Dios respecto a los hombres:
a- Ha dispersado a los arrogantes con todos sus proyectos.
Este es un cambio moral. El Evangelio es la muerte del orgullo, porque si uno coloca su vida al lado de la de Cristo, solo puede sentirse infinitamente pequeño y el orgullo por lo tanto se esfuma.
Cristo hace que nos veamos a nosotros mismos. Eso le da el golpe de muerte al orgullo.
b- Ha arrojado de sus tronos a los poderosos, y ha exaltado a los humildes.
Este es el cambio social. El Evangelio pone fin a las etiquetas y al prestigio del mundo. Cuando nos damos cuenta de lo que Cristo hizo por todas las personas, ya no queda ninguna que podamos considerar despreciable. Las categorías sociales desaparecen.
c-Ha saciado a los hambrientos con alimentos deliciosos, y ha despachado a los ricos con las manos vacías...
Esta es el cambio económico. Una sociedad no cristiana es una sociedad materialista en la que cada cual pretende acaparar todo lo que pueda. Una sociedad cristiana es aquella en la que nadie querría tener demasiado mientras otros tienen muy poco.
El Magníficat tiene su propio encanto, pero hay dinamita en ese encanto: El Evangelio genera un cambio transformador en cada persona, y en el mundo.




Lección nº 3:
LA MISIÓN DE EL NIÑO Y UNA DESCRIPCIÓN
DEL EVANGELIO
Lucas 1: 57-80

¿Qué será de este niño?
Lucas 1: 57-66
En Israel, el nacimiento de un niño era una ocasión festiva. Cuando se aproximaba la fecha, se reunían cerca de la casa los amigos y los músicos locales. Especialmente si era un hijo varón…
Así es que en la casa de Elisabeth había doble motivo de gozo: por fin había tenido un niño, y era varón.
A los ocho días de nacer se circuncidaba y se ponía nombre a los niños. A las niñas se les podía poner nombre en cualquier momento durante su primer mes de vida.
En Israel, los nombres eran descriptivos. Algunas veces recordaban algún detalle de su nacimiento, como en el caso de Esaú y Jacob (Génesis 25:25, 26). Otras veces describían al bebé: Labán, por ejemplo, quiere decir blanco o rubio. A veces se le ponía el nombre del padre. A menudo el nombre describía la alegría de los padres: Samuel y Saúl, por ejemplo, querían decir pedido (a Dios). Elisabeth, para sorpresa de los presentes, dijo que su hijo se tenía que llamar Juan, y Zacarías también manifestó el mismo deseo.
Juan es la forma breve de Yehojanán, que quiere decir “Regalo de Jehová”, o “Jehová es misericordioso”... Era el nombre que Dios había dicho que se le pusiera al niño, y que describía la gratitud de los padres por tan precioso y ya inesperado regalo de Dios.
Todos los conocidos y los que se enteraban del maravilloso suceso se preguntaban: “¿Qué llegará a ser este niño?”… Es que la mano del Señor se vio en Juan desde su concepción.
Debemos por tanto ubicarnos en la piel de Zacarías y Elisabeth al nacer este niño… Al ser una obra notable de Dios en sus vidas, este niño era una gran responsabilidad.
Y por cierto que Juan tenía un lugar especial en los planes divinos: Zacarías y Elisabeth no podrían descuidar su protección, guía y preparación para que aquella bendición cumpliera con los propósitos de Dios.

La visión de Zacarías
Lucas 1: 67-74
Zacarías tuvo una gran visión de la misión de su hijo; le reconoció como el profeta y precursor que había de preparar el camino del Señor.
Todos los judíos devotos esperaban y anhelaban el día en que habría de venir el Mesías, el Rey ungido por Dios. La mayor parte de ellos creían que, antes de que viniera, un precursor anunciaría su llegada y le prepararía el camino.
La creencia más general era que Elías volvería a la Tierra con esta misión (Malaquías 4:5)… Zacarías pudo percibir, sin dudas por revelación del Espíritu Santo, que aquel niño, su hijo, sería el escogido por Dios para preparar el camino delante del Ungido de Dios.

Una descripción del camino del Evangelio
Lucas 1: 75-80
Los versículos 75-77 nos dan una gran descripción del camino del Evangelio:
a-La preparación.
Todo en la vida es una preparación que nos conduce a Cristo…Aun las circunstancias que nos parezcan más difíciles o aun aquellas que nos resultan casi imposible de entender, son obras de Dios que nos mueven en esa dirección… Esto es algo que el Señor hace en la vida de todos los hombres, aunque muchos de ellos no lo entiendan, no lo acepten y, finalmente, se pierdan.
b-El conocimiento.
Nadie sabía, a ciencia cierta, cómo es Dios hasta que vino Jesús a decírnoslo. Los griegos hablaban de un dios impasible, por encima de la alegría y del dolor, observando a los humanos con tranquila indiferencia; no se esperaba su ayuda…  Los judíos tenían un Dios exigente, que imponía una ley y cuya función era la del juez. Aquello no producía más que terror…
Pero Jesús vino para decirnos que Dios es amor, y la gente sólo podía decir con sorpresa y encanto: “¡Nunca nos habríamos imaginado que Dios era así!”…
c-El perdón.
Una cosa debemos tener clara a este respecto: no se trata tanto de dejar sin efecto el castigo como de restablecer nuevamente la relación del hombre pecador con Dios… Nada nos puede librar de ciertas consecuencias de nuestros pecados; pero a partir del mensaje del Evangelio, aquel alejamiento de Dios se convierte en amistad, el Dios distante se hace cercano, y el Dios temido es ahora el Dios que nos ama.
d-Andar por los caminos de la paz.
Paz en hebreo no quiere decir solamente ausencia de guerra, sino todo lo que comprende el sumo bien del hombre. Y por medio de Cristo se le capacita al hombre para andar por los caminos que conducen a todo lo que significa una vida plena de acuerdo con los propósitos divinos…




Lección nº 4:
EL VIAJE A BELÉN, EL NACIMIENTO
Y LAS CEREMONIAS
Lucas 2: 1-24

El viaje y el nacimiento
Lucas 2: 1-7
En el Imperio Romano se hacían censos periódicos con el doble objetivo de fijar los impuestos y de descubrir a los que tenían que hacer el servicio militar obligatorio. Los judíos estaban exentos del servicio militar, así es que en su caso el censo se hacía para los impuestos.
Los censos se hacían cada catorce años, y hay documentos que nos indican que se establecía que cada ciudadano debía volver a su lugar de origen para ser empadronado porque en Judea, donde todavía se mantenían los antiguos lazos tribales y familiares, los hombres tendrían que ir a los respectivos lugares de origen de sus antepasados. 
Habría unos 130 kilómetros de Nazaret a Belén… El alojamiento de los viajeros era muy primitivo. La posada oriental consistía en una serie de habitaciones que daban a un patio común. Los viajeros llevaban sus provisiones, y lo único que proveía el posadero era forraje para los animales y fuego para hacerse la comida.
El pueblo estaba abarrotado, y José y María no encontraron alojamiento; así es que fue en el patio comunal, donde descansaban los animales, en donde María tuvo que dar a luz. Los pañales eran trozos cuadrados de paño con una tira como una venda que salía diagonalmente de uno de los picos. Se envolvía al bebé en el paño cuadrado, y luego se le iban dando vueltas alrededor del cuerpo con la tira de tela para que quedara bien sujeto. La palabra que traducimos como pesebre se refiere al lugar donde se echaba de comer a los animales; y allí María tuvo a su bebé “y lo envolvió en pañales”…
El que no encontraran habitación en la posada fue sintomático de lo que había de sucederle a Jesús. No hubo sitio para él nada más que en una cruz… Y aún muchos corazones se le siguen cerrando, como aquel mesón.

Los ángeles y los pastores
Lucas 2: 8-20
Es maravilloso pensar que a los primeros a los que Dios comunicó la buena noticia fueron unos sencillos pastores…
Los más religiosos de aquellos tiempos despreciaban a los pastores porque no podían cumplir todos los detalles de la ley ceremonial; no se podían lavar las manos meticulosamente, ni observar todos los otros preceptos y reglas, porque tenían que atender a las necesidades de los rebaños.
Fueron hombres sencillos que estaban trabajando en el campo los primeros que recibieron el mensaje de Dios.
Pero es probable que estos fueran unos pastores bastante especiales. Para proveer los corderos perfectos para los sacrificios, las autoridades del templo tenían sus rebaños particulares, y sabemos que los sacaban a pastar en los alrededores de Belén. Es probable que estos pastores se encargaran de cuidar de los rebaños de los que se escogían los sacrificios del templo. Es hermoso pensar que los pastores que cuidaban de los corderos que se sacrificaban en el templo fueron los primeros en ver al Cordero de Dios que había venido a llevar los pecados del mundo.
Ya hemos visto que cuando nacía un niño se reunían los músicos del pueblo para celebrarlo y darle la bienvenida con su sencilla música. Jesús nació en un establo de Belén, que no era donde residían sus padres, así es que no se pudo llevar a cabo la fiesta; pero es notable que, aunque no había músicos del pueblo, los músicos del Cielo ocuparon su lugar, y los ángeles le cantaron a Jesús la bienvenida que no pudieron cantarle los hombres.
En estas lecturas nos hemos venido dando cuenta de la ruda sencillez que rodeó al nacimiento del Hijo de Dios. Tal vez habríamos esperado que, si era necesario que naciera en la Tierra, nacería en un palacio o en una mansión señorial.
Es una verdad preciosa del Evangelio que tenernos un Dios que sabe cómo vivimos, porque ha asumido nuestra vida sin reservarse ningún privilegio.

Las ceremonias antiguas
Lucas 2: 21-24
En este pasaje vemos que se cumplieron después del nacimiento de Jesús las tres antiguas ceremonias relativas al nacimiento del primer hijo varón de una familia judía:
a-La circuncisión.
Todos los niños judíos se circuncidaban a los ocho días de nacer. Esta ceremonia era tan sagrada que se podía llevar a cabo hasta en sábado, aunque la ley prohibía que se hiciera ese día nada que no fuera absolutamente esencial. Ese día se le ponía nombre al niño.
b-La redención del primogénito.
Según la ley (Éxodo 13:2), todo primogénito varón, o macho en el caso del ganado, estaba consagrado al Señor. Así pues había una ceremonia que se llamaba la Redención del Primogénito (Números 18:16), y que consistía en pagar cinco siclos para, en forma simbólica, los padres pudieran seguir teniendo a su hijo.
c-La purificación después del parto.
La mujer quedaba impura cuarenta días si había tenido un hijo varón, y ochenta en el caso de una mujer… Podía vivir normalmente en su casa y hacer sus trabajos diarios, pero no podía entrar en el templo ni participar en ceremonias religiosas. Al cumplirse ese tiempo tenía que traer al templo un cordero de un año para holocausto y un pichón para expiación. Era un sacrificio bastante costoso, así es que la ley establecía que si no se podía ofrecer un cordero se podía traer otro pichón. La ofrenda de los dos pichones en vez de la del cordero y el pichón se llamaba técnicamente “la ofrenda de los pobres”, y esa fue la que ofreció María.
De nuevo vemos aquí que Jesús nació en un hogar sencillo y humilde, y sin lujos; un hogar en el que se tenía que tener cuidado con el dinero…
Estas tres ceremonias nos parecerán extrañas y antiguas; pero las tres expresaban la convicción de que un hijo es un don de Dios. De todos los dones de Dios, del que más se nos van a pedir cuentas es del de un hijo. Y José y María lo sabían bien…




Lección nº 5:
DOS PACIENTES ANCIANOS Y LA
VISITA A JERUSALÉN
Lucas 2: 25-52
La espera paciente
Lucas 2: 25-35
No había judío que no creyera que su nación era el pueblo escogido de Dios, pero los judíos no podían dejar de de darse cuenta de que no sería por medios humanos por los que su nación pudiera llegar a alcanzar la suprema grandeza que creían que le estaba reservada.
Con mucho la mayoría de ellos creía que, como los judíos eran el pueblo escogido, estaban destinados a llegar a ser algún día los amos del mundo y los señores de todas las naciones. Para traer ese día, algunos creían que vendría del Cielo algún gran campeón; otros creían que surgiría otro rey de la dinastía de David que devolvería al pueblo toda su antigua grandeza, y otros creían que Dios mismo intervendría directamente en la historia de manera sobrenatural.
En contraste con ellos había unos pocos a los que llamaban los reposados de la tierra: no tenían sueños de grandeza, violencia o poder de ejércitos con banderas; creían en una vida de constante oración y de reposada pero vigilante espera hasta que Dios interviniera. Pasaban la vida esperando tranquila y pacientemente en Dios…
Así era Simeón: en oración, en adoración, en humilde y fiel expectación, esperaba el día en que Dios había de consolar a su pueblo. Dios le había prometido por medio del Espíritu Santo que no llegaría al final de su vida sin haber visto al Ungido de Dios. En el niño Jesús reconoció al Rey prometido, y se sintió feliz. Ahora estaba preparado para partir de esta vida en paz, y su cántico se conoce como el Nunc Dimittis, por sus dos primeras palabras en latín, y es otro de los grandes himnos de la Iglesia Cristiana.
En el versículo 34 Simeón da una especie de resumen de la obra y el destino de Jesús:
a-Será la causa de que muchos caigan.
Este es un dicho duro y extraño, pero cierto. No es tanto Dios el que juzga a un hombre, sino que es el hombre el que se juzga a sí mismo; y su juicio resulta de  su reacción de aceptación o rechazo frente a la ofrenda de Jesucristo.
b-Será la causa de que muchos se levanten…
Es la mano de Jesús la que levanta al hombre de la vieja vida a la nueva vida, del pecado a la bondad, de la vergüenza a la gloria.
c-Se enfrentará con mucha oposición.
Ante Jesucristo no cabe la neutralidad: o nos rendimos a Él o estamos en guerra contra Él… Y lo trágico de la vida es que el orgullo no nos deja hacer la rendición que conduce a la victoria.

Una preciosa anciana
Lucas 2: 36-40
Ana también era una de los “reposados de la tierra”. De ella no sabemos nada más que lo que nos dicen estos versículos; pero Lucas nos traza en ellos un verdadero boceto de su carácter.
Ana era viuda. Sabía lo que era el sufrimiento, pero no estaba amargada. El sufrimiento puede producir en nosotros una de dos cosas: o nos hace duros, amargados, resentidos y rebeldes a Dios, o nos hace más amables, tiernos y compasivos; puede hacernos perder la fe, o arraigarla aún más en nuestro corazón.  Tenía ochenta y cuatro años… Era anciana, pero no había perdido la esperanza; si creemos que Dios está interesado en nuestra vida, y que no retira su mano del timón, estaremos seguros de que lo mejor está todavía por venir, y los años no nos harán nunca perder la esperanza.
Ana pasaba la vida en la casa de Dios y con el pueblo de Dios… Y nunca dejaba de orar.
Los años habían dejado a Ana sin amargura y con una esperanza inquebrantable, porque día tras día se mantenía en contacto con el que es la fuente de toda fuerza, y en cuya fuerza se perfecciona nuestra debilidad.

“En los asuntos de mi Padre…”
Lucas 2: 41-52
Jesús fue haciéndose mayor en carácter y en estatura, y se ganaba el aprecio de Dios y de los hombres.
Este es un pasaje muy importante de los evangelios.
La ley establecía que todo judío adulto que viviera a no más de veinticinco kilómetros de Jerusalén tenía que asistir a la Pascua. De hecho, todos los judíos que vivían más lejos querían ir a la fiesta por lo menos una vez en la vida.
Un joven judío alcanzaba la mayoría de edad a los doce años y tenía que cumplir todas las obligaciones que imponía la ley. Es posible que Jesús fuera entonces a Jerusalén por primera vez. Podemos figurarnos la impresión que le harían la santa ciudad, el templo y todas las ceremonias sagradas.
Cuando sus padres iniciaron la vuelta, Jesús se quedó atrás. No fue por descuido por lo que no le echaron de menos. Lo corriente era que las mujeres de la caravana se pusieran en camino bastante antes que los hombres, porque iban más despacio. Los hombres salían después, y las alcanzaban donde habían decidido pasar la noche. Esta era probablemente la primera Pascua de Jesús, y lo más probable es que José pensara que estaba con María, y viceversa, así es que no se dieron cuenta de que faltaba hasta que llegaron al campamento de la tarde.
Como no le encontraron entre los parientes y vecinos, se volvieron a Jerusalén. En el tiempo de la Pascua el sanedrín tenía costumbre de reunirse en los atrios del templo para discutir cuestiones teológicas en presencia de todos los que quisieran escuchar. Y fue allí donde encontraron a Jesús. No debemos pensar que se trataba de un niño precoz que dejaba apabullados con su inteligencia a los más sabios. Escuchar y hacer preguntas era la manera en que los judíos expresaban la relación de los alumnos que aprendían de sus maestros. Jesús estaba escuchando las discusiones y mostrando mucho interés en conocer y comprender, como ávido estudiante.
Y ahora viene uno de los pasajes clave de la vida de Jesús. María le dijo: “Tu padre y yo hemos estado muy preocupados, buscándote por todas partes”...
“¿Por qué tuvisteis que buscarme?” -contestó Jesús-; “¿Es que no sabíais que en los asuntos de mi Padre debo estar?”
Fijémonos con cuánta cortesía, pero también con cuánta claridad Jesús toma el nombre de padre que María ha usado refiriéndose a José, y se lo aplica a Dios…
En algún momento Jesús tiene que haber descubierto su relación única y exclusiva con Dios. No podía saberlo cuando era un bebé acostado en el pesebre, o en los brazos de su madre. Pero en aquella primera Pascua, en la aurora de la mayoría de edad, manifestó que ya se había dado cuenta de que era el Hijo de Dios en un sentido único y exclusivo.
Pero, fijémonos en que el descubrimiento no le hizo orgulloso, ni mirar por encima del hombro a sus humildes padres terrenales, la gentil María y el laborioso José. Lucas nos dice: “Jesús volvió con ellos a Nazaret, y los obedecía en todo”… El hecho de ser el Hijo de Dios le hizo ser el hijo perfecto de sus padres humanos.




Lección nº 6:
EL MENSAJERO DEL REY
Lucas 3: 1-20
El mensajero del Rey
Lucas 3: 1-6
Para Lucas, el surgimiento de Juan el Bautista fue una de las bisagras que hicieron girar a la Historia. Hasta tal punto lo considera un acontecimiento importante que lo fecha con no menos de seis datos diferentes.
Tiberio fue el sucesor de Augusto, y llegó a ser único emperador el año 14 d.C. Por tanto, el año decimoquinto de su mandato imperial sería 28-29 d.C. Lucas empieza a fechar el surgimiento de Juan el Bautista en relación con la historia universal, es decir, con el Imperio Romano.
Los tres datos siguientes que nos da Lucas se refieren a la organización política de Palestina. El título de tetrarca quiere decir literalmente gobernador de la cuarta parte… Más tarde el término se hizo más general, y quería decir el gobernador de una parte cualquiera. Herodes el Grande murió el año 4 a.C. después de un reinado de alrededor de 40 años y dividió el reino entre tres de sus hijos.
A Herodes Antipas le correspondieron Galilea y Perea (4 a.C. al 39 d.C.), y por tanto Jesús vivió durante su reinado, y gran parte de su vida transcurrió en sus dominios de Galilea.
A Herodes Felipe le correspondieron Iturea y Traconítida (4 a.C. al 33 d.C.) Edificó Cesarea de Filipo, a la que le dio su nombre.
A Arquelao le correspondieron Judea, Samaria y Edom… Fue un rey rematadamente malo. Los judíos acabaron por pedir a Roma que lo quitara; y Roma accedió e instaló a un gobernador. Así fue como los romanos llegaron a gobernar directamente Judea. En este tiempo Pilato era el gobernador romano (25-37 d.C.). Así es que Lucas nos da en una frase, a vista de pájaro, la división del reino que había pertenecido a Herodes el Grande.
De Lisanias no sabemos prácticamente nada.
Después de la situación internacional y de la situación en Palestina, Lucas se refiere a la situación religiosa y fecha el surgimiento de Juan el Bautista en el sumo sacerdocio de Anás y Caifás. El sumo sacerdote era al mismo tiempo la cabeza religiosa y civil de la comunidad. En la antigüedad, el puesto de sumo sacerdote había sido hereditario y de por vida; pero con la venida de los romanos había estado sujeto a toda clase de intrigas. Anás fue sumo sacerdote del 7 al 14 d.C., y por tanto no ocupaba el puesto en este tiempo; pero le sucedieron no menos de cuatro de sus hijos, y Caifás era su yerno. Por tanto, aunque Caifás era oficialmente el sumo sacerdote, Anás era el que mandaba por detrás. Fue por eso por lo que Jesús fue llevado a Anás en primer lugar después de su detención (Juan 18:13), aunque entonces no era el sumo sacerdote.
Los versículos 4-6 son una cita de Isaías 40: 3-5. En Oriente, cuando un rey se proponía visitar parte de sus dominios, enviaba un mensajero por delante para decirle a la gente que preparara los caminos. Juan el Bautista es ese mensajero del Rey; pero la preparación en la que insistía era la de los corazones y las vidas; ese es el mensaje simbólico del profeta...

Llamada al arrepentimiento
Lucas 3: 7-17
Este pasaje nos transcribe el mensaje de Juan al pueblo. En ningún lugar queda más evidente la diferencia que hay entre Juan el Bautista y Jesús; porque el mensaje de Juan no era evangelio, es decir, buena noticia, sino una noticia aterradora.
Los judíos creían que Dios juzgaría a las demás naciones con una medida, y a los judíos con otra… De hecho, creían que un judío estaba a salvo del juicio simplemente por serlo porque eran hijos de Abraham. Juan les decía que no hay tal cosa como privilegios raciales; que la vida, no el linaje, era lo que Dios consideraba en el juicio.
Hay tres cosas que sobresalen en el mensaje de Juan.
a-Empezaba demandando a los hombres que compartieran lo que tenían con los que no tenían. Era un evangelio social, que anunciaba que Dios no absolverá nunca al que está contento de tener de más cuando otros tienen de menos.
b-Mandaba a los hombres que cumplieran con su trabajo como era debido: que el publicano fuera un buen publicano, y el soldado un buen soldado. Lo que Dios manda es que le sirvamos allí donde Él nos ha colocado; estaba convencido de que donde todos podemos servir mejor a Dios es en nuestro quehacer diario.
c-Juan estaba bien seguro de que él no era más que el precursor. El Rey estaba todavía por venir, y con Él vendría el juicio. El aventador era entonces una gran pala plana con la que se echaba hacia arriba lo trillado; el grano, más pesado, caía al suelo, y la brisa aventaba la paja: Así como se separa el trigo de la paja, el Rey separaría a los buenos de los malos.
Así describía Juan el juicio, un juicio que el hombre podía pasar con confianza si había cumplido sus deberes con los demás y había hecho bien su trabajo cotidiano.

Juan preso
Lucas 3:18-20
Juan era tan atrevido y tan claro predicando la integridad que no pudo dejar de meterse en problemas y Herodes acabó por meterle en la cárcel.
El historiador judío Josefo dice que Herodes le metió preso “porque temía que la gran influencia que Juan ejercía sobre el pueblo le colocara en posición y en disposición de levantar una revuelta; porque la gente parecía dispuesta a hacer todo lo que Juan aconsejara”. No cabe duda de que eso sería verdad, pero los autores del Nuevo Testamento dan una razón mucho más personal e inmediata…
Herodes Antipas se había casado con Herodías, y Juan se lo reprochaba… Toda la familia de Herodes el Grande era una gran confusión de manera que Herodías era al mismo tiempo cuñada de Antipas, porque estaba casada con su hermanastro, y su sobrina, porque era hija de Aristóbulo, otro hermanastro… Herodes Antipas, en una visita que hizo a Roma, sedujo a Herodías y se casó con ella.                    
Todo el asunto era repugnante a los ojos de los judíos y totalmente contrario a la ley judía, e incluso a cualquier moral.
Aunque era peligroso reprender a un tirano oriental, Juan lo hizo y la consecuencia fue que le arrestaron y encarcelaron en los calabozos del castillo de Maqueronte, a orillas del Mar Muerto. Por último le decapitaron para complacer el resentimiento de Herodías (Mateo 14:5-12; Marcos 6:17-29).
Tal acontecimiento nos muestra el carácter sublime del hombre elegido por Dios para anunciar la llegada del Mesías; su valor y su honestidad le llevaron a la muerte, pero lo enaltecieron de tal manera que el mismo Jesús diría que no hubo otro como él…




Lección nº 7:
EL BAUTISMO Y EL LINAJE DE JESÚS
Lucas 3: 21-38

La hora de Jesús; su bautismo
Lucas 3: 21- 22
Los pensadores cristianos siempre han buscado la respuesta a la pregunta ¿Por qué fue Jesús a que le bautizara Juan?… El bautismo de Juan era una señal de arrepentimiento, y los cristianos estamos convencidos de que Jesús no había cometido ningún pecado.
La primera gran bisagra en la vida de Jesús, fue la visita al templo cuando tenía doce años, cuando descubrió su relación única y exclusiva con Dios… Cuando apareció Juan, Jesús tenía unos treinta años (Lucas 3:23); es decir, que habían pasado unos dieciocho años. A lo largo de ese tiempo Jesús tiene que haberse ido dando cuenta más y más de su absoluta singularidad. Pero siguió siendo el carpintero del pueblo de Nazaret. Tiene que haber sabido que llegaría algún día en que tendría que decirle adiós a Nazaret y lanzarse a cumplir su misión más amplia. Debe de haber esperado alguna señal.
Cuando surgió Juan, la gente iba a oírle y a bautizarse en grandes multitudes. En todo el país había un movimiento hacia Dios sin precedentes. Y Jesús se dio cuenta de que había llegado su hora. No es que se sintiera pecador y necesitara arrepentirse, sino que quería identificarse con ese movimiento hacia Dios. Para Jesús, el surgimiento de Juan fue la llamada de Dios a la acción; y el primer paso que dio fue para identificarse con la gente que buscaba a Dios…
Pero algo sucedió en el bautismo de Jesús. Antes de dar este paso de gigante tenía que estar seguro; y en el momento del bautismo, Dios le habló. No nos equivoquemos: aquello fue una experiencia personal de Jesús. La voz de Dios le vino a Él, y le dijo que había tomado la decisión correcta. Pero más, mucho más que eso: aquella voz le trazó todo el curso de su vida.
Dios le dijo: “¡Tú eres mi amado y único Hijo, en quien está toda mi delicia!” (Salmo 2: 7; Isaías 42: I) Por tanto, en su bautismo Jesús confirmó que, en primer lugar, era el Mesías, el Rey ungido por Dios; y en segundo lugar, que eso suponía, no poder y gloria, sino sufrimiento y cruz.

El linaje de Jesús
Lucas 3: 23-38
Este pasaje empieza con una afirmación muy sugestiva: nos dice que cuando Jesús inició su ministerio tendría unos treinta años.
¿Por qué tuvo que pasar treinta años en Nazaret cuando había venido a salvar al mundo?
Algunos creen que José murió bastante joven, y que Jesús tuvo que encargarse del sostenimiento de su madre María y de sus hermanos y hermanas más jóvenes, y que sólo cuando ya fueron lo suficientemente mayores como para encargarse del taller Jesús se sintió libre para marcharse de Nazaret y lanzarse al mundo a cumplir su misión.
Sea eso o no cierto, tres cosas son verdad:
a-Era esencial que Jesús cumpliera con la mayor fidelidad los deberes más limitados de la vida familiar antes de asumir la misión universal de salvar al mundo. Fue cumpliendo meticulosamente las pequeñas obligaciones de la vida familiar como Jesús se preparó para su gran misión.
b-Esto le dio la oportunidad de poner en práctica sus enseñanzas. Si hubiera sido siempre un maestro vagabundo y sin hogar ni obligaciones ni lazos humanos, se le habría podido cuestionar. Él vivió en casa lo que predicó por los caminos.
c-Si Jesús iba a ayudar a los hombres, tenía que saber cómo vivían. Y porque había vivido aquellos treinta años en Nazaret, conocía las dificultades de ganarse la vida, la constante inseguridad que se cierne sobre el trabajador, el mal genio que tiene a veces el cliente, los morosos, etc.; su experiencia personal le ayudaba a conocer aun más el alma humana.

Aquí nos da Lucas la genealogía de Jesucristo. Los judíos estaban muy interesados en las genealogías. Los sacerdotes especialmente tenían que demostrar que descendían de Aarón, y sus genealogías se guardaban en los archivos públicos…
Pero el problema que nos presenta esta genealogía surge cuando la comparamos con la de Mateo 1:1-17. Los hechos son: sólo Lucas nos da la sección de Adán a Abraham; la sección de Abraham a David está igual en los dos, pero la sección de David a José es casi completamente diferente.
Los estudiosos del Nuevo Testamento han hecho todo lo posible por explicar estas diferencias.
Se ha dicho que ambas genealogías son simbólicas, y que Mateo nos da la ascendencia regia de Jesús, y Lucas la sacerdotal.
Una de las primeras sugerencias que se han hecho es que Mateo nos da la genealogía de José, y Lucas la de María.
También se ha observado que en Mateo 1:16, el padre de José es Jacob; y en Lucas 3:23, es Elí…
Según la ley si un hombre casado moría sin tener hijos, su hermano tenía que casarse con la viuda, si estaba en posibilidad de hacerlo, para que su hermano tuviera descendencia. Cuando eso sucedía, el hijo de tal matrimonio podía considerarse hijo del primer o del segundo marido de su madre. Se sugiere que la madre de José se casó dos veces, y que José fue el hijo de Elí, que fue el segundo marido, pero que, a los ojos de la ley, era hijo del difunto Jacob… 
Esta ingeniosa teoría supondría que las dos genealogías son correctas, aunque debemos decir que no lo sabemos con exactitud…
Dos cosas, sin embargo, hay que notar en la genealogía de Lucas.
a-Subraya la humanidad real de Jesús, el hecho de que fue un hombre como todos nosotros, no un semidiós o algo parecido. Para salvar a los hombres se hizo real y verdaderamente hombre.
b-Mateo se detiene en Abraham, y Lucas prosigue hasta Adán. Para Mateo, Jesús pertenecía al pueblo judío; para Lucas, a toda la humanidad, y por eso se remonta no sólo hasta el patriarca del pueblo de Israel, sino al padre de toda la raza humana.
Lucas quita las barreras nacionales y raciales hasta de la lista de antepasados de Jesús.




Lección nº 8:
LAS TENTACIONES Y EL PRINCIPIO EN GALILEA
Lucas 4: 1-15
Las tentaciones y la Escritura
Lucas 4:1-13
Ya hemos visto que hubo ciertos hitos en la vida de Jesús, y aquí tenemos otro de los más importantes.
En esta ocasión  Jesús está a punto de iniciar su misión pública… El pasaje de la tentación nos presenta a Jesús eligiendo de una vez para siempre el método con el que se proponía ganar a los hombres para Dios: le vemos rechazando el camino del poder y la gloria, y aceptando el camino del sufrimiento y de la cruz.
Antes de entrar a considerar este relato en detalle hay dos puntos que debemos señalar.
a) Esta es una más sagrada de las historias evangélicas, porque no puede proceder sino de los labios del mismo Jesús. En algún momento tiene que haberles contado a sus discípulos esta íntima experiencia de su alma…
b) Ya en este momento Jesús debe de haber sido consciente de poseer poderes extraordinarios. Todo el sentido de las tentaciones está en que no podían ocurrirle más que a un Hombre que podía hacer cosas maravillosas. No sería una tentación para nosotros el convertir las piedras en pan o el tirarnos desde el pináculo del templo, por la sencilla razón de que nos es imposible hacer tales cosas. Estas son tentaciones que sólo se le podían presentar a un Hombre que tenía poderes absolutamente únicos, y que tenía que decidir cómo usarlos.

Veamos ahora el escenario, es decir, el desierto. La parte deshabitada de Judea estaba en la meseta central; entre ésta y el Mar Muerto se extendía un tremendo descampado de cincuenta por ochenta kilómetros, que se llamaba Yesimón, que quiere decir “Devastación”… Las colinas eran como montones de polvo; las montañas calizas parecían abrasadas y en descomposición; las rocas, agudas y peladas; el suelo sonaba a hueco cuando lo pisaban los caballos; ardía como un horno inmenso, y se abría en precipicios de setecientos metros sobre el Mar Muerto. Fue en aquella horrible devastación donde Jesús fue tentado.
Jesús se retiró conscientemente a este lugar solitario, y pasó cuarenta días  debatiéndose con el problema de cómo ganar a los hombres para Dios. Fue una batalla larga que no terminó hasta la cruz, porque el relato termina diciéndonos que el tentador dejó a Jesús por algún tiempo.
La primera tentación era convertir las piedras en pan. Este desierto no estaba cubierto de arena, sino de piedras y cantos que parecían panes. El tentador estaba sugiriéndole a Jesús que usara sus poderes a su favor… Pero Jesús reaccionó al ataque con las palabras de Deuteronomio 8:3: “El hombre – dijo - nunca encontrará la vida en las cosas materiales”…
La tarea del Evangelio no consiste en solucionar los problemas materiales aunque el peso y la voz de la Iglesia deben estar detrás de todos los esfuerzos para hacerles la vida mejor a los hombres. Su verdadera tarea es producir hombres nuevos…
En la segunda tentación Jesús está en la cima de una montaña desde la que se puede ver todo el mundo civilizado. El tentador le dice: “Adórame, y todo esto será tuyo”. El tentador quiere comprometer a Jesús como diciendo “Haz un trato conmigo. Déjale algo de terreno al mal, y la gente te seguirá”... De vuelta Jesús contestó citando Deuteronomio 6:13 y 10:20: “Dios es Dios, el bien es el bien, y el mal es el mal. No puede  haber pacto en la guerra con el mal...”
Es una tentación constante la de tratar de ganar hombres haciendo un compromiso con los principios del mundo.
En la tercera tentación, Jesús está en el pináculo del templo en el que se unían el Pórtico de Salomón y el Pórtico Real: desde allí había una caída a plomo de 150 metros hasta el fondo del valle del torrente Cedrón. Esta era una tentación a darle a la gente demostraciones sensacionales (tentación muy actual en muchos que anuncian el evangelio en nuestros días). Jesús cita Deuteronomio 6: 16: “No se han de hacer experimentos insensatos con el poder de Dios”
Jesús vio muy claro que si le producía una gran impresión a la gente, sería una maravilla por algún tiempo, pero que el sensacionalismo no puede durar.
El duro camino del servicio y del sufrimiento conduce a la cruz, pero después de la cruz está la corona.
El diablo finalmente le dejó; pero se nos aclara “por un tiempo”… No debemos olvidar que la Biblia nos dice que Él fue tentado en todo.

Primero en Galilea
Lucas 4:14, 15
Tan pronto como salió Jesús del desierto tuvo que tomar otra decisión: había escogido de una vez para siempre el método que iba a seguir, y ahora tenía que decidir dónde empezar…Y empezó en Galilea. Galilea era la región del Norte de Palestina, como de ochenta kilómetros de Norte a Sur y de cuarenta de Este a Oeste. El nombre quiere decir círculo, y viene del hebreo galil. Se llamaba así porque estaba rodeada de naciones no judías. Precisamente por eso se hacían sentir allí nuevas influencias, y era la parte más emprendedora y menos conservadora de Palestina y tenía una gran densidad de población. (Josefo, que había sido gobernador de Galilea, dice que tenía 204 pueblos que alcanzaban todos un mínimo de 15.000 habitantes cada uno... Parece increíble que pudiera haber una población de unos 3.000.000 en Galilea)
Era una tierra extraordinariamente fértil; el clima era maravilloso y la estupenda provisión de agua convirtieron a Galilea en el huerto de Palestina. “ A los galileos -se decía -no les falta nunca coraje... Tienen más interés en mantener el honor que en conseguir ganancias materiales...”
Esa fue la tierra en la que empezó Jesús. Era su propia tierra; y le dio, por lo menos al principio, una audiencia dispuesta a escucharle y a enardecerse con su mensaje.
Empezó en la sinagoga… La sinagoga era el verdadero centro de la vida religiosa de Palestina. No había más que un templo; pero la ley decía que donde hubiera diez familias judías tenía que haber una sinagoga, así es que en todos los pueblos y aldeas había una sinagoga en la que la gente se reunía para hacer el culto. En la sinagoga no se hacían sacrificios; eso era cosa del templo. La sinagoga era para la enseñanza. Pero, ¿cómo podía Jesús conseguir entrar en la sinagoga y exponer allí su mensaje si no era más que un laico, el carpintero de Nazaret?
El culto de la sinagoga constaba de tres partes:
Había una parte en la que se hacían oraciones.
Otra era la lectura de las Escrituras: siete varones de la congregación leían el texto en hebreo antiguo, que pocos entendían, y los intérpretes lo traducían al arameo o al griego, un versículo de cada vez en el caso de la Ley, y de tres en tres en el de los Profetas.
La parte de la enseñanza... El presidente invitaba a hablar a cualquier persona distinguida que estuviera presente, y luego había lugar para la participación de los presentes y la discusión. Así es como Jesús tuvo oportunidad de enseñar en la sinagoga, cuya plataforma no le estaba cerrada todavía en esta etapa.
El pasaje termina diciendo que todo el mundo le tenía en gran estimación…
Este período del ministerio de Jesús se ha llamado la primavera galilea. Llegó Jesús como una bocanada de la brisa de Dios. La oposición aún no había surgido y los corazones humanos estaban hambrientos de la Palabra de Dios, y aún no se habían dado cuenta del golpe que había de dar Jesús a la ortodoxia de su tiempo con su enseñanza realmente revolucionaria…




Lección nº 9:
EN NAZARET Y CAPERNAUM
Lucas 4: 16-39
Problemas en Nazaret
Lucas 4:16-30
Una de las primeras visitas de Jesús fue a su pueblo de Nazaret. No era una aldea, sino una polis, que quería decir un pueblo o ciudad; y es muy posible que tuviera más de 20.000 habitantes. Estaba edificada en una pequeña meseta de las colinas que hay en las laderas más bajas de Galilea, ya cerca de la llanura de Jezreel; pero un chico no tenía más que subir a la cima de la colina que coronaba el pueblo para contemplar un maravilloso panorama de muchos kilómetros a la redonda.
Desde allí la historia de Israel se despliega ante los ojos del observador. Allí estaba la llanura de Esdrelón en la que pelearon Débora y Barac; donde Gedeón ganó sus victorias; donde Saúl se había hundido en el desastre y Josías había muerto en la batalla; allí había estado la viña de Nabot, y el lugar en el que Jehú había matado a Jezabel; allí estaba Sunem, donde había vivido Eliseo; allí estaba el Carmelo, donde Elías había peleado su batalla épica con los profetas de Baal; y, azul en la distancia, estaba el Mediterráneo, con sus islas.
Pero no era sólo la historia de Israel la que se contemplaba desde allí; también la historia universal se desplegaba a la vista de la colina que coronaba Nazaret. Tres grandes carreteras la bordeaban: la que venía del Sur, por la que transitaban los peregrinos que iban a Jerusalén; el gran Camino del Mar, que comunicaba Egipto con Damasco, por el que viajaban las caravanas cargadas con toda clase de mercancías, y la gran carretera del Este, que era la que frecuentaban las caravanas de Arabia y las legiones romanas que se dirigían a las fronteras del Este del Imperio.
Es falso que Jesús se criara en un ignoto rincón de la Tierra; más bien debemos pensar que su pueblo estaba en una de las encrucijadas de la historia, y que el tráfico del mundo pasaba cerca de sus puertas.
Ya hemos descrito el culto de la sinagoga, y en este pasaje tenemos una escena real que tuvo lugar en él. No fue un libro lo que tomó Jesús, porque en aquel tiempo todo se escribía en rollos. Lo que leyó se encuentra en Isaías 61. En el versículo 20 de la versión Reina-Valera se usa la confusa palabra ministro. El funcionario en cuestión era el jazzán. Tenía muchas obligaciones: era el que sacaba de un arcón especial los rollos de la Escritura que se habían de leer, y los colocaba luego en su sitio; tenía a su cargo la limpieza de la sinagoga; era el que anunciaba la llegada del sábado con tres toques con una trompeta de plata desde la azotea de la sinagoga, y era también el maestro en la escuela del pueblo. El versículo 20 nos dice también que “se sentó en el lugar del predicador”, y eso nos da la impresión de que había terminado; pero lo que quiere decir realmente es que se disponía a empezar, porque el predicador siempre se sentaba para hacer el sermón, y los rabinos daban las clases sentados.
Lo que enfureció a la gente fue el elogio que Jesús pareció dedicar a los gentiles. Los judíos estaban tan convencidos de que eran el pueblo escogido de Dios que despreciaban a todos los demás. Algunos incluso decían que “Dios había creado a los gentiles para usarlos como leña en el infierno”… Y aquí estaba este joven de Jesús, a quien todos conocían, predicando como si los gentiles fueran los favoritos de Dios. Empezaba a amanecerles la idea de que había cosas en el nuevo mensaje que no se les había ocurrido ni soñar.
Debemos darnos cuenta de otro par de cosas:
Jesús tenía la costumbre de ir a la sinagoga los sábados. Debe de haber habido muchas cosas con las que estaba totalmente en desacuerdo, o que herían su sensibilidad y sin embargo iba. El culto de la sinagoga tal vez distaba mucho de ser perfecto; pero Jesús nunca dejaba de unirse a los que daban culto a Dios el día del Señor.
No tenemos más que leer el pasaje de Isaías que leyó Jesús para darnos cuenta de la diferencia que había entre Jesús y Juan el Bautista. Juan era un predicador del juicio, y su mensaje debe haber hecho estremecerse de terror a sus oyentes. Pero lo que Jesús trajo fue un evangelio; una Buena Noticia.
Jesús también sabía de la ira de Dios; pero sabía que es la ira del amor.

En Capernaum…
Lucas 4:31-37
La noticia de lo que había hecho Jesús se difundió por toda la tierra de alrededor.
Nos gustaría saber tanto de Capernaum como sabemos de Nazaret, pero aunque parezca extraño es que hasta hay dudas en cuanto al sitio exacto a orillas del Mar de Galilea en que estaba situada esta población en la que Jesús realizó tantas maravillas. Este pasaje es especialmente interesante porque es el primero de Lucas en el que nos encontramos con un caso de posesión de demonios. En el mundo antiguo se creía que el aire estaba poblado por una multitud innumerable de malos espíritus que estaban esperando la oportunidad para entrar en las personas y se atribuía a ellos las enfermedades. Había espíritus de sordera, de mudez, de fiebre; espíritus que le arrebataban a una persona la salud mental o el sentido; espíritus de mentira y de engaño y de inmundicia. Era uno de esos espíritus el que Jesús exorcizó aquí.
Para mucha gente esto es un problema. Por lo general, la mentalidad moderna considera que el creer en espíritus es algo primitivo y supersticioso que hemos dejado atrás en nuestro desarrollo.
Pero para muchos Jesús sí creía en ellos.
En este caso, por lo que se refiere a los conocimientos científicos, Jesús no estaba más adelantado que su época, sino con todas las limitaciones de los conocimientos médicos de su tiempo. No tenemos por qué rechazar esta conclusión, porque Jesús fue realmente un hombre, y tuvo los conocimientos que eran asequibles a los hombres de su tiempo.
Algunos sostienen que Jesús no creía en ellos, pero el paciente sí;  y Jesús le podía curar solamente asumiendo que sus creencias en los demonios eran ciertas. A veces hay que admitir la realidad del mal para poder efectuar la cura; esas personas creían que estaban poseídas por un demonio, y Jesús, como sabio doctor, .sabía que no podía curarlas a menos que asumiera que la idea que tenían de su mal era cierta.
(El pensamiento moderno, ha estado vacilando hasta admitir que tal vez hay algo en la creencia en los demonios después de todo... Hay ciertos males para los que no se acaba de descubrir una causa corporal. No hay razón para que una persona esté enferma, pero lo está. Y ya que no hay una explicación física, algunos piensan ahora que debe de haber una causa espiritual, y que a lo mejor los demonios no son tan irreales después de todo…)
La gente se quedaba atónita con el poder de Jesús, ¡y no nos sorprende! El Oriente antiguo estaba lleno de gente que pretendía poder exorcizar a los demonios. Pero tenían unos métodos fantásticos y ostentosos…
Lo que dejaba estupefactos a los espectadores era su simple autoridad… La autoridad de Jesús era algo totalmente nuevo. Cuando los rabinos enseñaban, apoyaban todas sus afirmaciones con citas de otros; siempre apelaban a autoridades reconocidas. Por su parte, los profetas decían: “Así dice el Señor”... Pero Jesús decía: “Yo os digo”; no necesitaba otras autoridades que le respaldaran; su autoridad no dependía de otras: era la autoridad hecha carne.
El experto en cualquier esfera tiene un aire de autoridad… Para los cristianos Jesús es el quien tiene autoridad en las cosas de la vida… Cuando Él habla, todos sabemos que se trata de algo más allá de lo humano, porque Él es  Dios.

Milagro en una humilde vivienda
Lucas 4: 38-39
Aquí escribe el médico Lucas. Los médicos griegos dividían la fiebre en dos categorías: mayor y menor. Lucas sabía dictaminar una enfermedad.
Hay tres grandes verdades en este breve incidente.
a) Jesús estaba siempre dispuesto a servir. Acababa de salir de la sinagoga. Los predicadores sabrán cómo se sienten después de un culto. Uno se encuentra agotado, y necesita descansar. Lo último            que desea es encontrarse con mucha gente que venga a pedirle más esfuerzo. Pero Jesús no había hecho más que salir de la sinagoga y entrar en casa de Simón, cuando se vio asaltado por el grito insistente de la necesidad humana. Jesús no alegó que estaba cansado y que tenía que descansar, y atendió a la petición sin queja ni demora.
b) A Jesús no le hacía falta que hubiera mucha gente para hacer milagros. Muchos están dispuestos a hacer un esfuerzo ante las multitudes que no harían en privado… Pero Jesús estaba dispuesto a desplegar todo su poder en una humilde casa de la aldea de Capernaum, donde no había mucho público.
c) Cuando se sintió bien la suegra de Pedro, sin perder un momento se levantó y se puso a servirles la comida. Se dio cuenta de que se le había devuelto la salud, y su manera de mostrar su agradecimiento fue ponerse a servir a los demás. No quería mimos ni contemplaciones; lo que quería era ponerse a guisar y a servirles la comida a los suyos y a Jesús… Todos haríamos bien en tener presente que si Dios nos ha concedido o devuelto el don inapreciable de la salud y las fuerzas, lo mejor que podemos hacer es usarlas para servir a otros.




Lección nº 10:
EL REINO DE DIOS Y UN MILAGRO
Lucas 4: 40 – 5: 15

Las multitudes y el Reino de Dios
Lucas 4:40-44
Lucas nos cuenta que de madrugada, Jesús salió para estar a solas con Dios. Podía responder a las insistentes necesidades humanas gracias a que antes buscaba la compañía de Dios. Pero Jesús no dijo ni una palabra de queja o resentimiento cuando la gente invadió su soledad.
La oración es algo muy importante, pero en última instancia la necesidad humana lo es más, porque la oración no nos debe aislar del clamor de los necesitados sino prepararnos para ayudarles… Y algunas veces tendremos que dejar de estar de rodillas para ponernos en pie antes de lo que quisiéramos, y ponernos a hacer algo.
Nos muestra también el pasaje que Jesús no dejaba hablar a los demonios. A menudo nos encontramos con que Jesús los mandaba callar… ¿Por qué?
Los judíos tenían sus propias ideas populares acerca del Mesías; esperaban que fuera un gran rey conquistador que le pusiera el pie en el cuello al imperio romano y barriera sus ejércitos de la tierra de Palestina. Todo el país estaba preparado para la gran batalla… La revolución estaba siempre a flor de piel, y estallaba a menudo. Jesús sabía que si se corría la voz de que Él era el Mesías, los revolucionarios se inflamarían. Antes de que le reconocieran como el Mesías tenía que enseñarles que el Mesías no era un rey conquistador, sino un siervo paciente. Mandaba callar a los demonios porque la gente no sabía todavía lo que era el carácter mesiánico, y si se lanzaban con sus ideas equivocadas pronto se producirían la destrucción y la muerte.
Aquí aparece por primera vez en el evangelio de Lucas la mención del Reino de Dios… Según Marcos, Jesús llegó predicando el Reino de Dios (1:15). Eso era la esencia de su mensaje.
¿Qué quería decir con el Reino de Dios? Para Jesús era tres cosas al mismo tiempo:
a) Era pasado. Abraham, Isaac y Jacob estaban en el Reino, aunque habían vivido hacía siglos (Lucas 13:28).
(b) Era presente: “El Reino -decía Jesús- está dentro de vosotros, o entre vosotros” (Lucas           17:21).
(c) Era futuro… Algo que Dios todavía prepara para sus hijos y por lo que hemos de vivir…
Para Jesús el Reino de Dios es el hacer la Voluntad del Padre… En el Padrenuestro Jesús nos enseña con esta frase: “Venga tu Reino, hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo” (Mateo 6:10).El segundo concepto sostiene y afirma el primero (un estilo propio de la poesía hebrea); por tanto el Reino de Dios es una sociedad en la Tierra donde la voluntad de Dios se hace tan perfectamente como en el Cielo... Si alguien del pasado ha cumplido la voluntad de Dios, está en el Reino; si alguien la cumple ahora, está en el Reino; pero todavía falta mucho para que toda la humanidad cumpla la voluntad de Dios de una manera perfecta, y por tanto la consumación está en el futuro.
Por eso el Reino de Dios es pasado y presente y futuro al mismo tiempo.

Un milagro y las condiciones para ello
Lucas 5:1-11
La famosa extensión de agua de Galilea se llama de tres maneras: Mar de Galilea, Mar de Tiberíades y Lago de Genesaret… Está situado en una depresión de la superficie de la Tierra a 210 metros bajo el nivel del mar, lo que le da un clima casi tropical. En los días de Jesús tenía nueve poblaciones agrupadas en sus orillas, ninguna de menos de 15.000 habitantes.
Genesaret es realmente el nombre de la hermosa llanura que está al Oeste del lago, y que es muy fértil.
Aquí nos encontramos con un cambio decisivo en la carrera de Jesús. La última vez que le encontramos predicando estaba en una sinagoga, y ahora se encuentra a la orilla del lago. Es verdad que volveremos a encontrarle en la sinagoga; pero se acerca la hora en que se le cerrará esa puerta, y su iglesia es ahora la costa o el camino abierto, y su púlpito, una barca. Irá adonde haya gente dispuesta a escucharle.
En esta historia encontramos lo que podríamos llamar una lista de condiciones para un milagro.
a) El ojo que ve. No hay por qué creer que Jesús creó un banco de peces en aquella ocasión. En el Mar de Galilea había bancos fenomenales  y lo más probable es que la aguda vista de Jesús percibiera aquel banco de peces, y ahí estuvo el milagro. La Tierra está llena de milagros que esperan unos ojos que los vean.
b) El espíritu dispuesto a hacer un esfuerzo. Puesto que Jesús lo decía, Pedro estaba dispuesto a probar otra vez, aunque estaba muy cansado… Muchos se rinden antes del último esfuerzo que podría cambiar las cosas; no fue así con Pedro
c) El espíritu dispuesto a probar lo que parece inútil... La noche, que era el tiempo de la pesca, había pasado. Todas las circunstancias estaban en contra; pero Pedro no dudó porque lo decía el Señor…
Muchas veces no hacemos nada porque nos parece que no es el tiempo oportuno. Pero, si esperamos a que las circunstancias sean ideales, jamás empezaremos nada: Si queremos un milagro, tenemos que fiarnos de la palabra de Jesús cuando nos dice que probemos lo imposible.

Tocando lo intocable
Lucas 5:12-15
En Palestina se conocían dos clases de lepra. Una era más bien una grave enfermedad de la piel, y era la menos seria. La otra empezaba por un punto, y de allí iba comiéndose la carne hasta que al desgraciado paciente no le quedaban más que los muñones de las manos o de las piernas. Era literalmente una muerte en vida.
Las disposiciones referentes a la lepra se encuentran en Levítico, capítulos 13 y 14. Lo más terrible era el aislamiento al que tenía que someterse el paciente. El leproso tenía que ir gritando por todas partes: “¡Inmundo; inmundo!”… Se le excluía de la sociedad humana, y se le desterraba del hogar: El resultado era, y es todavía, que las consecuencias psicológicas de la lepra eran tan serias como las físicas.
“Al verse evitados y despreciados, es frecuente que los leprosos tengan la tentación de quitarse la vida, y algunos lo hagan” dice un documento del siglo XX.
El leproso sabe que los demás le aborrecen antes de aborrecerse a sí mismo. Esta era la clase de hombre que vino a Jesús: era inmundo, y Jesús le tocó.
Vemos en este pasaje Jesús tocó al intocable. Su mano fue al encuentro del hombre del que cualquier otro se habría alejado. Cuando nos despreciamos a nosotros mismos, cuando tenemos el corazón amargado por la vergüenza, recordemos que, a pesar de todo, Cristo nos tiende la mano. Eso es lo que Jesús hacía y hace.
La esencia del Evangelio es tocar lo intocable, perdonar lo imperdonable y amar lo que parece imposible de amar… Jesús lo hacía, y por tanto debemos hacerlo nosotros.
Jesús además le encargó al hombre que cumpliera los requisitos normales y corrientes que mandaba la ley de la purificación, que se nos describen en Levítico 14. Es decir: que el milagro no eximía de lo que hubiera que hacer para volver a vivir en sociedad; no le dispensaba de cumplir las reglas establecidas. No se habría sabido que había sucedido un milagro, ni se habría dado la gloria a Dios, si no se cumplían esas normas para que las autoridades competentes tuvieran evidencia de la curación.
El versículo 15 nos habla de la popularidad que tenía Jesús. Pero sólo era debida a que la gente quería sacarle algo.
Muchos quieren los dones de Dios, pero rechazan sus exigencias. No puede haber nada más deshonroso.




Lección nº 11:
LA OPOSICIÓN, UN MILAGRO Y UN LLAMADO
Lucas 5: 16

Aparece la oposición: escribas y fariseos
Lucas 5: 16-17
No tenemos aquí más que dos versículos, pero tenemos que detenernos en ellos, porque marcan un hito. Los escribas y los fariseos aparecen en escena. La oposición, que no se daría por contenta hasta llevar a Jesús a la muerte, sale a la luz.
Si queremos entender lo que pasó con Jesús, tenemos que saber algo de la ley, y de la relación que tenían con ella los escribas y los fariseos. Cuando los judíos volvieron de Babilonia hacia el año 440 a.C., sabían muy bien que se habían desvanecido sus esperanzas de grandeza nacional. Por tanto decidieron alcanzar su grandeza siendo el pueblo de la ley, aplicando todas sus energías a conocer y cumplir la ley de Dios.
La base de la ley eran los Diez Mandamientos, que son principios generales de vida. No son reglas ni reglamentos; no nos dicen lo que tenernos que hacer en cada circunstancia. Y para una cierta sección del pueblo judío, aquello no era suficiente. Lo que querían no eran principios generales, sino reglas que cubrieran todas las situaciones imaginables; así es que se pusieron a deducir y a elaborar todas esas reglas a partir de los Diez Mandamientos.
Veamos un ejemplo de lo que ellos hicieron: uno de los trabajos prohibidos en sábado era llevar una carga (Jeremías 17: 21-24); pero, insistían los legalistas, hay que definir lo que es una carga… Entonces se formulaban miles de leyes de manera que si un sastre se dejaba prendido en la ropa un alfiler o una aguja el sábado, estaba llevando una carga, o si se levantaba el sábado una piedrecita suficientemente grande para tirársela a un pájaro se estaba pecando... La bondad se identificaba con el cumplimiento de esas interminables normas y reglas.
Veamos otro ejemplo: el curar en sábado estaba prohibido porque era hacer un trabajo. Estaba establecido que sólo se podían hacer curas si había peligro de muerte; y aun entonces, sólo se podían tomar medidas para que el paciente no se pusiera peor, pero no para ponerle mejor. Se podía poner una venda en una herida, pero no se podían aplicar ungüentos; se podía poner un tapón si dolía un oído; pero no medicina. Los escribas eran los expertos en la ley, que sabían todas esas normas y reglas, y que las deducían de la ley…
El nombre fariseo quiere decir “separado”, porque los fariseos se separaban de la gente y de la vida normal a fin de cumplir todas esas reglas.
Hemos de tener en cuenta dos cosas. La primera es que, para los escribas y fariseos esas reglas eran cuestión de vida o muerte; el quebrantar una de ellas era cometer un pecado mortal. En segundo lugar, sólo los que las tomaban tremendamente en serio podían intentar guardarlas, porque hacían la vida sumamente incómoda. Sólo los menos lo podían intentar.
Esas normas y reglas no tenían importancia para Jesús cuando oía el grito de la necesidad humana. Pero para los escribas y fariseos Jesús era un transgresor de la ley, un mal hombre que quebrantaba la ley y que enseñaba a otros a hacer lo mismo. Por eso le odiaban, y al final le entregaron a la muerte.
La tragedia de la vida de Jesús consistió en que fueron precisamente los que tomaban la religión en serio los que le llevaron a la cruz…
Desde este momento, Jesús no tendría reposo. Estaría siempre bajo el escrutinio de miradas hostiles y críticas. La oposición había aparecido con todo su ímpetu, y no podía haber más que un final.
Jesús lo sabía, y antes de enfrentarse con la oposición se retiró a orar. El amor en los ojos de Dios le compensaba por el odio en los ojos de los hombres. La aprobación de Dios le animaba a sobrellevar la crítica de los hombres. De la paz de Dios sacaba fuerzas para la batalla de la vida; y nosotros, que somos sus discípulos, debemos ser como Él.

Perdón y sanidad…
Lucas 5: 18-26
Aquí tenemos un relato que es todo un cuadro. Jesús estaba enseñando en una casa. Las casas de Palestina tenían terraza, con un mínimo de inclinación para que cayera el agua de la lluvia. La techumbre estaba formada por vigas que iban de lado a lado a corta distancia, con cañas y cuerdas y cubierta con una capa de aislante. Era lo más fácil del mundo el quitar el relleno entre dos vigas. De hecho, los ataúdes se metían y sacaban muchas veces por el techo.
¿Qué quiere decir este pasaje acerca del perdón de los pecados?
Debemos tener presente que se  consideraba que el pecado y el sufrimiento estaban íntimamente relacionados como causa y efecto. Se daba por sentado que, si una persona estaba sufriendo, sería porque había pecado; y por eso, el que sufría tenía a menudo un sentido de culpabilidad…
Por eso Jesús empezó por decirle al paralítico que se le habían perdonado los pecados. De otra manera el hombre no habría creído que podía ponerse bueno. Esto nos muestra cómo fueron derrotados en la discusión los escribas y fariseos: ellos objetaban a que Jesús pretendiera poder perdonarle los pecados al hombre. Según ellos pensaban y creían, el hombre estaba enfermo porque había pecado; y si recobraba la salud, era señal de que se le habían perdonado los pecados. La objeción de los escribas y fariseos se volvió contra ellos y los dejó sin argumentos.
Lo maravilloso aquí es que lo que salvó a ese hombre fue la fe de sus amigos. Cuando Jesús se dio cuenta de la fe que tenían, que no se detenía ante nada que les impidiera traer a su amigo a Jesús para que le sanara, entonces obró con todo su poder…
Gracias a Dios es parte de la trama de la vida y del amor que haya influencias preciosas que salvan las almas de los hombres… Esto sigue pasando hoy en día: nuestra fe obrando a favor de los seres amados puede obrar como la de los amigos del paralítico.
Todos se asombraron del poder de Jesús y los escribas y fariseos tuvieron que cerrar sus bocas una vez más…

Un llamado que sorprende
Lucas 5:27-32
Aquí tenemos el llamado a Mateo (Mateo 9: 9-13). Los publicanos o recaudadores de impuestos eran los más odiados de Palestina.
Palestina era un país sometido a los romanos, y los recaudadores de impuestos estaban al servicio del gobierno de Roma; por tanto, se los consideraba como renegados y traidores.
El sistema de impuestos se prestaba a abusos. Mientras el recaudador entregara la cantidad asignada al final del ejercicio, podía quedarse con lo demás que le hubiera sacado al pueblo. Y como no había periódicos, ni radio, ni televisión para que los anuncios llegaran a todo el mundo, las personas corrientes no tenían idea de lo que tenían que pagar.
Un impuesto era el impuesto del estado… Había un impuesto general que tenían que pagar todos los hombres de 14 a 65 años y las mujeres de 12 a 65, solamente por el privilegio de existir;  había un impuesto de la tierra, que consistía en la décima parte de los cereales y la quinta del vino y el aceite, y se podía pagar en especie o en dinero y había un impuesto sobre la renta, que era del uno por ciento de lo que se ganara. También había impuestos muy diversos: por usar las principales carreteras, puertos y mercados; por tener un carro, y por cada una de sus ruedas y por el animal que lo llevaba; había impuestos por la compra de ciertos artículos, y por la importación y exportación. Un cobrador de impuestos podía mandar a un hombre que se detuviera en el camino y desempaquetara, y cobrarle casi lo que le diera la gana. Si no podía pagar, a veces el cobrador se ofrecía a prestarle dinero a un interés exorbitante, y así tenerle más en sus garras.
Se consideraba que los ladrones, los asesinos y los cobradores de impuestos pertenecían a la misma clase. Los publicanos estaban excomulgados de la sinagoga.
Y sin embargo Jesús eligió a un cobrador de impuestos para que fuera apóstol.
Lo primero que hizo Mateo fue ofrecerle una fiesta a Jesús, que era algo que sin duda podía pagar, invitando a sus compañeros de profesión y a sus amigos descastados para que le conocieran. La primera intención de Mateo era compartir la maravilla que había encontrado.
Pero los escribas y fariseos criticaban. Los fariseos no habrían dejado que el extremo de su túnica rozara a uno como Mateo. Jesús les dio la respuesta irrefutable. Les hizo notar que son precisamente los enfermos los que necesitan un médico; y personas como Mateo y sus amigos eran los que le necesitaban más.
No estaría mal que consideráramos al pecador más como un enfermo que como un criminal; y al que ha cometido un error, más que como alguien que merece desprecio y condenación, como alguien que necesita amor y ayuda para encontrar la rehabilitación.




Lección nº 12:
LA OPOSICIÓN CRECIENTE…
Lucas 5: 33 – 6: 5

El ejemplo de la fiesta de bodas
Lucas 5: 33-35
Lo que sorprendía y escandalizaba a los escribas y fariseos era que los seguidores de Jesús fueran tan normales. El judío religioso tenía la idea, que no ha muerto todavía del todo, de que para ser religioso uno tenía que pasárselo mal.
Habían sistematizado las observancias religiosas. Ayunaban los lunes y los jueves; y a menudo se lavaban la cara para que uno no pudiera por menos de darse cuenta de que estaban ayunando. Es verdad que eso del ayuno no era tan riguroso; porque duraba sólo desde la salida hasta la puesta del sol, y antes y después se .podía tomar alimento… Se trataba de llamar la atención de Dios hacia el que ayunaba. A veces hasta lo consideraban un sacrificio: al ayunar, uno le estaba ofreciendo a Dios nada menos .que su cuerpo.  Y la oración también estaba reglamentada: se hacía a las 12 del mediodía, a las 3 y a las 6 de la tarde.
Jesús estaba totalmente en contra de una religión así, y lo explica con una imagen de la vida real. Cuando se casaba una pareja en Palestina no se iban a otro sitio a pasar la luna de miel, sino que se quedaban en casa y tenían invitados toda la semana. Se ponían la mejor ropa que tenían; a veces, hasta se ponían coronas; esa semana eran los reyes, y su palabra era la ley.
Es, pues, sumamente significativo que Jesús comparara la vida cristiana con una fiesta de bodas. La alegría debe ser la primera característica cristiana.
Al mismo tiempo Jesús sabía que llegaría el día en que el novio les sería arrebatado, haciendo referencia a su propia muerte… La cruz siempre estaba a la vista; pero aun en el camino de la cruz no le faltó el gozo que nadie le podía quitar: el gozo de la presencia de Dios.

Una idea nueva
Lucas 5: 36-39
Los religiosos tienen una pasión por lo antiguo… El problema de los fariseos era que todo lo de Jesús era tan absolutamente nuevo que, sencillamente, no lo podían asimilar. La mente acaba perdiendo la flexibilidad para aceptar ideas nuevas.
Esto es a lo que Jesús hizo referencia al dar las ilustraciones que nos relata el pasaje…
Jesús quiere decir que no debemos dejar que la mente se nos ponga como un odre viejo. La gente dice del vino que lo añejo es mejor... Puede que lo sea en un momento dado, pero olvidan que es un error el despreciar el vino nuevo, porque llegará el día en que haya madurado y sea el mejor de todos.
En este pasaje Jesús rechaza la mente cerrada y recomienda que no despreciemos lo nuevo sólo porque lo es.
No debemos tener miedo a la libertad de pensamiento… Si creemos en el Espíritu Santo, debemos estar dispuestos para que Dios nos guíe a nuevas ideas. Nuestros parámetros doctrinales son mucho más antiguos, por eso el que propone algo nuevo siempre tiene que luchar.
Tengamos cuidado con rechazar todo lo nuevo, porque podría querer decir que hemos perdido la elasticidad mental.
Tampoco debemos tener miedo de nuevos métodos. El que algo se haya hecho siempre de una misma manera puede que sea la mejor razón para dejar de hacerlo. El que algo no se ha hecho nunca puede que sea la mejor razón para intentarlo.
Hay un conservadorismo sabio y otro que no lo es. Tengamos cuidado de no ser tradicionalistas reaccionarios en el pensamiento o en la acción cuando debemos ser, como cristianos, intrépidos aventureros.

La oposición crece
Lucas 6:1-5
Este es el primero de dos incidentes en los que vemos que la oposición a Jesús ya estaba saliendo a la luz, y que lo que tenían en contra de Él era que quebrantaba las leyes tradicionales del sábado. En esta escena, iban pasando Jesús y sus discípulos por entre los trigales. El hecho de que los discípulos arrancaran espigas no era en sí ningún crimen (Deuteronomio 23:25). Si lo hubieran hecho otro día cualquiera no habría habido nada que objetar; pero era sábado. Cuatro de los trabajos prohibidos el sábado eran segar, trillar, aventar y preparar comida; y los discípulos habían realizado los cuatro según la interpretación ortodoxa de la ley: al arrancar espigas, habían segado; al restregarlas con la mano, habían trillado; al soplar para quitar la paja, habían aventado, y el hecho de que se las comieran demostraba que habían preparado una comida el sábado.
A nosotros nos parece fantástico todo esto; pero debemos recordar que, para un estricto fariseo, todos eran pecados mortales. Se habían quebrantado las normas y las reglas, y esto era una cuestión de vida o muerte.
Hicieron su acusación, y Jesús les contestó con una cita del Antiguo Testamento: lo que hicieron David y sus compañeros cuando tenían mucha hambre y comieron el pan de la proposición que se ofrecía a Dios en el tabernáculo, mejor llamado el Pan de la Presencia. Todos los sábados por la mañana se ponían delante de Dios doce panes de trigo, hechos con harina… Había un pan por cada tribu. En tiempos de Jesús estos panes se colocaban en una mesa de oro macizo de tres pies de longitud y uno y medio de anchura que estaba situada a lo largo del lado Norte del Lugar Santo. El pan representaba la presencia de Dios, y nadie más que los sacerdotes podía comerlo (Levítico 24:5-9). Pero la necesidad de David había sido prioritaria sobre estas normas y reglas.
Los rabinos mismos decían: “El sábado se ha hecho para ti, y no tú para el sábado”. Es decir, que en sus mejores y más elevados momentos los rabinos reconocían que la necesidad humana abrogaba la ley ritual…
Si era así, ¡cuánto más el Hijo del Hombre, con un corazón de amor y de misericordia, es el Señor del Sábado! ¡Cuánto más lo podrá utilizar para sus propósitos de amor!... Pero los fariseos habían olvidado los derechos de la misericordia porque estaban inmersos en sus leyes y reglas.
Es significativo que estaban observando a Jesús y a sus discípulos cuando iban por los campos de trigo. Está claro que los estaban espiando; y desde este momento estarían escudriñando con ojos hostiles y Notemos que Jesús les recuerda un hecho impreso en las Escrituras: “¿No habéis leído lo que hizo David…?”… Pero ellos no podían entenderlo porque no venían a las Escrituras para aprender la voluntad de Dios, sino para encontrar textos que confirmaran sus propias ideas y no se acercaban a ella con un corazón necesitado.
El que no viene con un sentimiento de necesidad siempre se pierde el sentido más profundo de las Escrituras... Cuando despertamos a nuestra necesidad, la Biblia es un libro nuevo.
Cuando leemos el Libro de Dios debemos venir con una mente abierta y con un corazón necesitado;  entonces será también para nosotros el libro más maravilloso del mundo.




Lección nº 13:
SUS DISCÍPULOS Y LOS VALORES CRISTIANOS
Lucas 6: 6-26

Un desafío de Jesús
Lucas 6: 6-11
Para este tiempo la oposición a Jesús iba concretándose. Estaba enseñando en la sinagoga un sábado, y los escribas y los fariseos estaban también allí con el propósito de espiarle para, si curaba al enfermo, acusarle de quebrantar el sábado.
Hay un detalle interesante: si comparamos esta historia en Mateo 12:10-13, y Marcos 3:1-6, con la versión de Lucas, nos damos cuenta de que es sólo éste el que nos dice que era el brazo derecho el que tenía seco el hombre. Aquí habla el médico, interesado en todos los detalles del caso.
En este incidente, Jesús quebrantó abiertamente la ley tradicional. Curar era un trabajo, y estaba prohibido hacer ningún trabajo el sábado. Es verdad que si había peligro de muerte se podía hacer algo para mantener la vida. También era legal tratar las dolencias de ojos o garganta. Pero este hombre no estaba en peligro de muerte; podría haber esperado hasta el día siguiente sin peligro. Pero Jesús estableció el gran principio de que, dijeran lo que dijeran las leyes y las reglas, siempre se puede hacer un bien en sábado. Jesús les dirigió la pregunta punzante: “Os preguntaré una cosa: ¿Qué es lo que se permite hacer el sábado, ayudar a alguien o hacerle daño, salvar la vida o destruirla?”. Eso tiene que haberles llegado al alma, porque mientras Él estaba tratando de ayudar a la vida del hombre del brazo seco, ellos estaban haciendo todo lo posible para destruirle a Él. Era Él el que estaba tratando de salvar, y ellos de destruir.
En esta escena hay tres personajes:
Está el hombre del brazo seco. Era un hombre que estaba dispuesto a intentar lo imposible. No se puso a discutir cuando le dijo Jesús que extendiera el brazo inútil; lo intentó y lo consiguió, con las fuerzas que le dio Jesús.
Imposible es una palabra que habría que desterrar del vocabulario del cristiano…
Está Jesús. Hay en esta historia una gloriosa atmósfera de desafío. Jesús sabía que le estaban espiando, pero no vaciló en sanar. Le dijo al hombre que se pusiera en medio: esto no se iba a hacer en un rincón.
Estaban los fariseos. Aquí tenemos a unos hombres que siguieron el extraño camino de odiar a un hombre que acababa de curar a un paciente. Son el ejemplo sobresaliente de los que aman sus leyes y sus reglas más que a Dios. Seguimos viendo esta actitud en las iglesias una y otra vez… Siempre está presente el peligro de poner la lealtad al sistema por encima de la lealtad a Dios.

Jesús elige sus apóstoles
Lucas 6: 12-19
Aquí vemos a Jesús eligiendo a sus hombres. Es interesante y provechoso entender por qué los escogió, porque Él sigue queriendo y necesitando hombres.
Los escogió para que fueran sus amigos. Es maravilloso que Jesús necesitara amistad humana. Pertenece a la esencia misma de la fe cristiana el que podamos decir con toda reverencia y humildad que Dios no puede ser feliz sin los hombres.
Jesús sabía que se acercaba el fin de su vida en la Tierra. Si hubiera vivido en otro tiempo, tal vez habría escrito un libro que hubiera llevado su enseñanza por todo el mundo. Pero, cuando Él vivió, escogió a esos hombres para escribir en ellos su mensaje. Serían sus libros vivos. Estarían en su compañía para poder llevar su mensaje a todos los hombres algún día.
Jesús los escogió entre sus discípulos. Discípulo quiere decir aprendiz. Tenían que ser de los que siempre estaban aprendiendo más y más de Él. Un cristiano es una persona que se pasa toda la vida aprendiendo del Señor al que verá cara a cara algún día, y entonces le conocerá como ahora el Señor le conoce a él.
Jesús escogió a sus hombres para que fueran sus apóstoles. La palabra griega apóstolos quiere decir alguien a quien se envía. Se puede referir a un mensajero o embajador. Los apóstoles iban a ser los embajadores de Jesús al mundo. El embajador es alguien que representa a su país en el extranjero. El cristiano es enviado como embajador de Cristo, no sólo con sus palabras, sino con sus obras y con toda su vida.
De los Doce tenemos que decir dos cosas:
Eran simplemente hombres corrientes. Ninguno era rico, ni famoso, ni influyente; no habían recibido unos estudios especiales. Eran sencillamente gente corriente. Es como si Jesús hubiera dicho: “Dadme doce personas comunes, y cambiaré el mundo”… La obra de Jesús no está en las manos de los que el mundo llama grandes hombres, sino en las de gente corriente, como nosotros.
Eran una mezcla extraña. Fijémonos en dos de ellos: Mateo era recaudador de impuestos, es decir, un traidor y renegado; Simón era un celote, y los celotes eran nacionalistas fanáticos que habían jurado asesinar a todos los traidores y romanos que pudieran.
Es uno de los milagros del poder de Cristo que el publicano Mateo y el celote Simón pudieron vivir en paz en la compañía del grupo apostólico. Cuando se es cristiano de veras, las personas más diferentes y divergentes pueden vivir en paz.
Solamente en Cristo podemos resolver el problema de vivir juntos; porque hasta los caracteres más opuestos pueden estar unidos en su amor. Si de veras le amamos, nos amaremos unos a otros.

Los valores cristianos
Lucas 6: 20-26
El Sermón de la Llanura de Lucas se corresponde con el Sermón del Monte de Mateo (Mateo, capítulos 5 al 7). Los dos empiezan con una serie de bienaventuranzas. Hay algunas diferencias entre las versiones de Mateo y de Lucas, pero una cosa está clara: son una serie de pensamientos notables; realmente revolucionarios… Cada una de ellas es un desafío.
Toman los patrones que todo el mundo acepta, y los ponen boca abajo. Los que Jesús llama afortunados son los que el mundo considera desgraciados, y los que Jesús llama desgraciados son los que el mundo considera afortunados.
¿Dónde está la clave de todo esto? En el versículo 24 dice Jesús: “¡Pero, ay de vosotros los ricos, porque ya tenéis todo lo bueno que vais a tener!”…
La palabra que usa Jesús para tener es la que se usa para saldar una cuenta. Lo que quiere decir es: “Si te propones y aplicas todas tus energías a obtener las cosas que valora el mundo, puede que las obtengas, pero eso es todo lo que vas a tener”… Pero si, por el contrario, te propones y aplicas todas tus energías a ser totalmente leal a Dios y fiel a Cristo, te encontrarás con muchos problemas; a los ojos del mundo serás un desgraciado, pero no te perderás la mejor recompensa, que será la felicidad eterna.
Nos encontramos frente a frente con una decisión que empieza en la infancia y que no termina hasta el final de la vida. ¿Vas a escoger el camino fácil que produce un placer y un provecho inmediatos, o vas a escoger el camino difícil que produce trabajos y hasta sufrimiento a veces? ¿Te vas a concentrar en las recompensas del mundo, o en Cristo?
Seguir el camino del mundo, implica abandonar los valores de Cristo; y si seguimos el camino de Cristo, tendremos que abandonar los valores del mundo.
Jesús no tenía la menor duda acerca de cuál conducía a la felicidad. Como decía Pablo: “La ligera aflicción momentánea sirve para prepararnos una gloria consistente y eterna que no admite comparación” (2 Corintios 4:17).
El desafío de las bienaventuranzas es: ¿Quieres ser feliz a la manera del mundo, o a la manera de Cristo?




Lección nº 14:
LA REGLA DE ORO Y EL CIMIENTO FIRME
Lucas 6: 27-49
La Regla de Oro
Lucas 6:27-38
No hay mandamiento de Jesús que haya causado tanta discusión y polémica como el de amar a nuestros enemigos. Antes de cumplirlo tenemos que ser capaces de entenderlo.
En griego hay tres palabras que se traducen por amar. Una de ellas es eros, que se refiere al amor apasionado de un hombre por una mujer. Está fileo, que describe el amor a los nuestros, el cálido afecto del corazón. Ninguna de estas palabras es la que se usa aquí, sino agape, que requiere todo un párrafo para traducirla.
Agape describe un sentimiento activo de benevolencia hacia otra persona; quiere decir que, no importa lo que esa persona nos haga, nunca nos permitiremos desearle más que lo mejor; y nos propondremos hacer todo lo posible para ser amables y buenos con ella.
Una cosa se desprende de esto. El amor que les tenemos a nuestros seres queridos es algo que no podemos evitar. Hablamos de enamorarnos como de algo que nos sucede. Pero este amor a nuestros enemigos no es algo sólo del corazón, sino también de la voluntad. Es algo que por la gracia de Cristo podemos desear tener.
Este pasaje contiene dos grandes hechos de ética cristiana.
La ética cristiana es positiva. No consiste tanto en no hacer cosas, sino en hacerlas. Jesús nos ha dado la Regla de Oro que nos manda hacer a los demás lo que quisiéramos que ellos nos hicieran a nosotros. Esta regla aparece en muchos escritores de muchos credos, pero en la forma negativa. Cierto hombre le pidió a un rabino judío que le enseñara toda la ley en el menor tiempo posible; y el rabino  le contestó: “Lo que no quieras para ti, no se lo hagas a otro. Esa es toda la ley, y lo demás es  comentario”.
Formulaciones como esta son negativas… Pero es una cosa muy distinta el apartarnos de nuestro camino para hacerles a los demás lo que quisiéramos que nos hicieran a nosotros.
La verdadera esencia de la conducta cristiana consiste, no en abstenernos de cosas malas, sino en hacer cosas buenas.
La ética cristiana, además, se basa en la gracia. Jesús describe las maneras normales de la conducta sensata del mundo, y las califica diciendo que “eso no tiene ninguna gracia”... A menudo la gente pretende ser tan buena como los demás. Es probable que lo sea; pero la pregunta de Jesús es: “¿Cuánto mejor eres tú que la  mayoría?”… No es con los prójimos con los que nos tenemos que comparar, sino con Dios que es la razón suprema de la conducta cristiana; que nos hace semejantes a Dios, porque así es como Él actúa.
El amor de Dios abraza por igual al santo y al pecador. Ese es el amor que debemos imitar; si de veras procuramos todo lo mejor hasta para nuestros enemigos, seremos de veras hijos de Dios.
(El versículo 38 contiene una frase extraña: “Darán en vuestro regazo”. Los judíos llevaban una ropa larga hasta los pies, sujeta con un cinturón. La ropa se podía remangar un poco por debajo del cinturón formando como una bolsa donde se podían llevar cosas... A esto se refiere Jesús).

Enseñanzas para la vida
Lucas 6:39-45
Este pasaje parece una serie de dichos aislados.
Esto puede ser por dos razones. Puede ser que Lucas haya recogido aquí cosas que Jesús dijo en diferentes ocasiones, y nos las dé como un compendio de reglas acerca de la vida. O puede ser que tengamos aquí un ejemplo de una manera de enseñar típicamente judía. Le llamaban jaraz, que quiere decir ensartar perlas. Los rabinos decían que un predicador no debe detenerse más de dos minutos en cada asunto, sino que debe pasar pronto de uno a otro para mantener el interés.
Los temas de este pasaje se agrupan naturalmente en cuatro partes.
a) Versículos 39 y 40. Jesús señala que un profesor no puede guiar a sus alumnos más allá de donde haya llegado él. Aquí tenemos una doble advertencia. En nuestro discipulado tenemos que buscarnos el mejor profesor, porque será el único que nos pueda guiar más y más lejos. Nadie puede enseñar lo que no sabe.
b) Versículos 41 y 42. Aquí tenemos un ejemplo del humor de Jesús. Al trazar la escena del hombre con una viga en el ojo tratando de sacarle una pajita del suyo a un vecino, Jesús debe haber tenido una sonrisa en los labios. Quería decir que no tenemos derecho a criticar a otros a menos que no tengamos ninguna falta… Eso quiere decir sencillamente que nunca tenemos derecho a criticar a los demás…
c) Los versículos 43 y 44 nos recuerdan que no se puede juzgar a nadie más que por sus obras. Las palabras bonitas no pueden tomar el lugar de las buenas obras. La única manera de demostrar la superioridad del Evangelio es mostrando en nuestras vidas que es el único poder que puede producir hombres y mujeres mejores.
d) En el versículo 45 Jesús nos recuerda que las palabras que afloran a nuestros labios son en última instancia el producto de nuestro corazón. Nadie puede hablar de Dios con sentido a menos que tenga en el corazón el Espíritu de Dios. Nada revela el estado de un corazón humano tanto como lo que dice cuando no está midiendo cuidadosamente las palabras…

El cimiento firme
Lucas 6: 46-49
Para tener una idea más completa de esta parábola tenemos que leer también la versión de Mateo (7:24-27). Lucas no era natural de Palestina, y no tenía una idea muy clara de la escena; mientras que Mateo, que sí era de Palestina, la conocía muy bien…
En verano, muchos valles presentan el lecho arenoso totalmente seco; pero en invierno, después de las lluvias de septiembre, vuelve el torrente con toda su fuerza. Puede ser que alguien que estaba buscando dónde hacerse la casa vio ese espacio libre y se decidió a construir en él, descubriendo para su mal cuando llegó la época de las lluvias que el río también volvía a su cauce, y se llevaba la casa.
Un hombre sensato habría buscado la roca, para lo cual habría tenido que realizar más trabajo; pero, cuando llegara el invierno, se vería que no había sido en vano, porque la casa permanecería segura en su sitio.
Es importante que nuestra vida tenga una cimentación firme. Y la única que lo es de verdad es la obediencia a las enseñanzas de Jesús.
El insensato quería ahorrarse trabajo. No quería molestarse en cavar hasta encontrar la roca. La arena era mucho más atractiva y menos trabajosa... Así puede que sea más fácil seguir nuestro camino que el de Jesús, pero al final acabaremos en la ruina. El camino de Jesús es el de la seguridad aquí y en el más allá.
Además este hombre no era previsor… No se le ocurrió pensar cómo estaría aquel lugar seis meses después… En todas las decisiones de la vida hay un corto plazo y un largo plazo; es feliz el que no se juega el bien futuro por el placer presente; que ve las cosas, no a la luz del momento, sino a la luz de la eternidad.
Cuando aprendemos que lo que cuesta más suele ser lo que más vale la pena, y que la previsión es mejor que la improvisación, descubrimos que lo mejor es construir la vida sobre el cimiento firme de las  enseñanzas de Jesús, porque no habrá adversidad que la haga vacilar.




Lección nº 15:
EL CENTURIÓN, EL HIJO DE UNA VIUDA
Y LOS DISCÍPULOS DE JUAN
Lucas 7: 1-30
La fe del Centurión
Lucas 7: 1-10
El personaje central de esta historia es un centurión romano. No era un hombre cualquiera.
El centurión equivalía entonces al coronel de ahora; los centuriones eran la columna vertebral del ejército romano. Todos los centuriones que aparecen en el Nuevo Testamento eran personas respetables (Lucas 23:47; Hechos 10:22; 22:26; 23:17, 23, 24; 24:23; 27:43).
El centurión tenía que ser un hombre especial, o no habría podido conservar su puesto… Notamos en él algunas notables virtudes:.
Amaba a su esclavo, y habría hecho lo que fuera necesario para salvarle la vida. La ley romana definía al esclavo como una herramienta viva; no tenía derechos; su amo le podía maltratar y matar si quería… Era corriente abandonar a los esclavos para que se murieran cuando ya no rendían en el trabajo. Pero la actitud de este centurión era fuera de lo corriente.
Era además un hombre profundamente religioso. Tiene que haber tenido más que un interés superficial para construir una sinagoga. Es verdad que los romanos consideraban que la religión era buena para mantener a la gente en orden… Pero este centurión no era un administrador cínico, sino un hombre sinceramente religioso.
Tenía también una actitud muy poco corriente hacia los judíos…
Si los judíos despreciaban a los gentiles, los gentiles odiaban a los judíos. Los romanos decían que los judíos eran una raza repudiable, y consideraban su religión como una superstición bárbara… Y si bien es verdad que muchos gentiles, cansados de los muchos dioses y de la baja moralidad del paganismo, habían aceptado la doctrina judía de un solo Dios y la ética judía austera, este relato implica un sincero lazo de amistad entre el centurión y los judíos.
Además era un hombre humilde… Sabía muy bien que a un judío estricto le prohibía su ley entrar en la casa de un gentil (Hechos 10:28), de la misma manera que le estaba prohibido dejar entrar a un gentil en su casa o tener ningún trato con él. Por eso no fue directamente a Jesús, sino que les pidió ese favor a sus amigos judíos.
Este hombre, tan acostumbrado a mandar, era sorprendentemente humilde en presencia de la verdadera grandeza.
Y finalmente vemos que era un hombre de fe; y su fe estaba basada en los argumentos lógicos… Si su autoridad producía resultados, ¡cuánto más los produciría la de Jesús!
Tenía la perfecta confianza del que mira hacia arriba y dice: “Señor, yo sé que puedes hacerlo”. Si tuviéramos una fe así, veríamos hechos notables en nuestra vida…

Jesús y su compasión
Lucas 7: 11-17
Naín estaba a un día de camino de Capernaum, donde Eliseo había resucitado al hijo de otra madre (2 Reyes 4:18-37)…
En muchos sentidos ésta es una de las historias más bonita de los evangelios.
Nos habla del dolor y de la angustia de la vida humana. La procesión fúnebre iría precedida por una banda de músicos y lloradores profesionales, con flautas y címbalos, lanzando sus gritos y lamentos en un verdadero frenesí; pero todo el dolor inmemorial del mundo se encierra en la austera frase de Lucas: “hijo único de una mujer viuda”.
A lo patético de la vida Lucas superpone la compasión de Cristo. A Jesús se le conmovió el corazón… No hay una palabra más fuerte en griego para la compasión que la que una y otra vez se aplica en los evangelios a Jesús (Mateo 14:14; 15:32; 20:34; Marcos 1:41; 8:2).
Para el mundo antiguo esto tiene que haber sido sumamente sorprendente porque ellos tenían la idea de una divinidad insensible…
Pero aquí se le presentaba al hombre antiguo la sorprendente idea de Uno que era el Hijo de Dios, cuyo corazón se conmovía de piedad (Isaías 53:3)…
Para muchos de nosotros esa es la revelación más preciosa del Dios que se manifiesta en Jesucristo.
Y a la compasión de Jesús añade Lucas el poder de Jesús... Jesús fue y tocó el féretro. No sería un ataúd, porque no se usaban entonces, sino una especie de caja suficientemente grande para llevar el cadáver a la tumba.
Fue un momento dramático, que nos muestra que Jesús no es sólo el Señor de la vida; es también el Señor de la muerte, porque la ha vencido y ha triunfado del sepulcro, y ha prometido que, porque Él vive, los suyos vivirán también (Juan 14:19).

Los discípulos de Juan
Lucas 7: 18-30
Juan le envió mensajeros a Jesús para preguntarle si era Él el Mesías o si tenían que seguir esperando a otro… Este episodio ha preocupado a muchos, que se han sorprendido de que pareciera que Juan dudaba de Jesús.
Se ha sugerido que Juan dio ese paso, no para sí mismo, sino por causa de sus discípulos. Él estaba suficientemente seguro; pero tal vez ellos no lo estaban tanto, y necesitaban una prueba irrefutable.
Juan: era un hombre del desierto y de los espacios abiertos, y estaba encerrado en una mazmorra del castillo de Maqueronte. Encerrado en una celda entre estrechas paredes, Juan se hacía muchas preguntas porque el cruel cautiverio le ahogaba el corazón y seguramente necesitaba asegurar su convicción y dejarle esta seguridad a sus propios seguidores…
Fijémonos en la prueba que Jesús le ofreció. Le indicó hechos. Los enfermos, los dolientes y los pobres humildes estaban experimentando el poder de Dios y escuchando la Buena Noticia. Esa no era la respuesta que muchos judíos habrían esperado… Ellos esperaban un Mesías guerrero, pero lo que dijo Jesús fue: “La misericordia de Dios está aquí...”; esa era la respuesta a Juan, que tal vez otros no habrían sabido comprender.
Está claro que Juan conocía las Escrituras, y esperaba y anunciaba a un Mesías que cumpliría las profecías; y Jesús le dice que se están cumpliendo las señales por las que los profetas habían anunciado que se reconocería al Mesías. Donde se mitiga el dolor y la tristeza se cambia en gozo, donde se destierran el sufrimiento y la muerte, allí está manifestándose el Reino de Dios. La respuesta de Jesús fue: “¡Volved a Juan a decirle que el amor de Dios está aquí!”…
Cuando ya se habían ido los mensajeros de Juan, Jesús le dedicó el mayor elogio imaginable. Las multitudes habían salido al desierto para ver y oír a Juan, que no era precisamente una caña que se meciera al viento. Juan no era un hombre que se plegara ante las circunstancias o los poderosos de este mundo como un junco, sino inamovible como un árbol recio y fuerte.
Tampoco habían salido al desierto a ver a un tipo delicado y vestido de seda como los cortesanos de los palacios…
Los judíos esperaban que apareciera un gran profeta del pasado, Elías, para preparar el camino y anunciar la llegada del Rey ungido de Dios (Malaquías 4:5)… Juan fue ese heraldo del Altísimo y Jesús le coloca por encima de todas las grandes figuras de la historia de Israel y del mundo, entre los que se encuentran hombres como Abraham y Moisés, que los judíos consideraban insuperables y aun incomparables.
Pero también Jesús reconoce claramente las limitaciones de Juan al decir que el más pequeñito en el Reino de Dios es mayor que él, porque Juan estaba antes de la línea divisoria de la Historia, la llegada de Jesús al mundo para establecer su Reino…
Jesús es el que divide la Historia. Por tanto, a todos los que vivimos después de su venida y le recibimos se nos ha concedido una bendición mayor que a los que vivieron antes de Jesús. La entrada de Jesús en el mundo divide en dos el tiempo y toda la vida. Si alguno está en Cristo, es una nueva creación (2 Corintios 5:17). Y esa nueva creación hace al hombre portador de una dignidad que hasta Jesús era simplemente imposible, porque es la obra misma de Jesús la que produce esa nueva creación…




Lección nº 16:
RECHAZO Y AMOR SIN IGUAL
Lucas 7: 31-50

El rechazo de los hombres
Lucas 7: 31-35
Este pasaje contiene dos grandes advertencias.
Nos expone los peligros del libre albedrío. Los escribas y los fariseos habían conseguido hacer fracasar el plan que Dios tenía para ellos. La maravillosa verdad del Evangelio es que Dios no se impone por fuerza, sino que se ofrece por amor.
Ahí es donde podemos vislumbrar el dolor de Dios. Siempre es la gran tragedia del amor el ver a una persona amada que ha escogido el mal camino.
Hacer de nuestra vida un naufragio es producirle dolor al corazón de Dios al usar nuestra libertad para frustrar sus propósitos.
Nos expone también la perversidad humana. Juan había venido, viviendo con la austeridad de un ermitaño, y los escribas y los fariseos habían dicho que era un loco excéntrico, y que algún demonio le había dominado… Jesús había venido, viviendo la vida de la gente y participando de sus actividades, y se burlaban de Él diciendo que le gustaban demasiado los placeres terrenales. Nada les iba bien porque rechazaban implícitamente el llamado de Dios…
Pero hay unos pocos que responden; y ellos le dan la razón a la sabiduría de Dios. Los hombres pueden usar mal su libertad para frustrar los propósitos de Dios; o, en su perversidad, hacerse ciegos y sordos a todas sus llamadas.
Si Dios hubiera usado una fuerza coercitiva y encadenado al hombre a una voluntad a la que no pudiera resistirse, el mundo estaría poblado por autómatas, y tal vez todo estaría en perfecto orden; pero Dios escogió el peligroso camino del amor, y el amor acabará triunfando.

El amor sin igual…
Lucas 7: 36-50
La escena tiene lugar en el patio de la casa del fariseo Simón. Las casas de la gente acomodada se levantaban alrededor de un patio abierto que parecía una placita. A menudo había en el patio un jardín y una fuente; y allí era donde se comía en los días de calor. Era costumbre que, cuando se había invitado a un rabino, viniera toda clase de gente, nadie se lo impedía, para escuchar las perlas de sabiduría que salían de sus labios. Así se explica la presencia de la mujer.
Cuando entraba un invitado en una casa así, era comente que se hicieran tres cosas El anfitrión le ponía la mano en el hombro al huésped y le daba un beso de paz. Esa era una señal de respeto que jamás se omitía en el caso de un rabino distinguido; como los caminos eran de tierra, polvorientos, y el calzado no era más que suelas sujetas al pie con correas, se le echaba agua en los pies al huésped para limpiárselos y refrescárselos y a menudo se quemaba un poquito de incienso, o se le echaba un poco de esencia de rosas al invitado en la cabeza. Eran cosas que exigían los buenos modales, pero que no se cumplieron en este caso.
'En el Oriente, los comensales no se sentaban, sino- se reclinaban ante la mesa, en sofás bajos, apoyándose en el brazo izquierdo para dejar libre el derecho para comer. Tenían los pies extendidos hacia fuera, y se quitaban las sandalias durante la comida. Así se comprende cómo llegó la mujer a los pies
de Jesús.
Simón era fariseo, es decir, uno de los separados. ¿Por qué invitó a Jesús a comer en su casa?...
Es posible que fuera simpatizante y admirador de Jesús, porque no todos los fariseos eran sus enemigos ( Lucas 13:31); pero la atmósfera de falta de cortesía lo hace improbable; también es posible que Simón invitara a Jesús con la intención de pillarle alguna palabra o acción para delatarle ante las autoridades, aunque lo más probable es que Simón fuera un “coleccionista de celebridades”, y que hubiera invitado a comer al discutido joven galileo con un despectivo paternalismo… Esto explicaría la mezcla de cierto respeto con la omisión de los detalles de cortesía.
La mujer era conocida por su mala vida, y lo más probable es que fuera prostituta. Seguramente había oído a Jesús desde el borde de la multitud, y había creído que Él podía tenderle la mano para sacarla del barro… Llevaba alrededor del cuello, como todas las mujeres judías, un frasquito de alabastro que contenía esencia, que era algo bien costoso. Se lo quería derramar a Jesús en los pies, porque era todo lo que podía ofrecerle. Pero, cuando le vio, no pudo contener las lágrimas, que literalmente le regaron los pies.
El aparecer en público con el pelo suelto era una señal de desvergüenza en una mujer judía. Las jóvenes se sujetaban el pelo el día de su boda, y ya no volvían a llevarlo suelto nunca más en público. El hecho de que esta mujer se lo soltara fue señal de hasta qué punto se había olvidado de todo el mundo menos de Jesús.
Esta historia revela el contraste entre dos actitudes de mente y de corazón:
a) Simón no se reconocía necesitado de nada, y por tanto no sentía amor. Se consideraba un hombre bueno y respetable a los ojos de los demás y de Dios.
b) La mujer reconocía su suprema necesidad, y por tanto estaba inundada de amor hacia el que   podía suplirla, y por eso recibió el perdón.
Es verdad que el peor pecado es no tener conciencia de pecado; creer que no se es pecador… Pero el sentimiento de la necesidad abre la puerta al perdón de Dios, porque Dios es amor, y la mayor gloria del amor es que se sienta su necesidad.
El ejemplo de la mujer debe ser un desafío para los cristianos contemporáneos…
A menudo, y especialmente en aquellos que desde niños han conocido el mensaje de Jesús, nos olvidamos de aquello de lo que el Señor nos ha librado; y suele parecernos que su obra en nosotros no ha sido importante… Entonces caemos en el desagradecimiento; es como si no tuviéramos en cuenta cuánto le costó a Jesús nuestra salvación.
A la luz del ejemplo de esta mujer debemos recordar la enseñanza de Jesús: ella amaba mucho porque mucho se le había perdonado; y por eso ofrecía la mejor ofrenda sin importarle lo que los demás dijeran. ¿Cómo obramos nosotros? ¿Actuamos concientes de todo lo que el Señor nos ha perdonado…? ¿Le ofrecemos lo mejor como respuesta?
Si no sentimos ese amor profundo que aquella mujer sintió, y no le damos al Señor lo mejor de nuestras vidas, puede que, o seamos desagradecidos, y ello va en contra del ser cristiano, o que en realidad sintamos que no hemos sido perdonados de verdad, porque no nos hemos arrepentido de verdad. En este caso nos pareceremos más a Simón que a aquella humilde mujer pecadora…
Dios espera de sus hijos fieles lo mejor porque Él en su sublime amor nos ha dado lo mejor: la vida de su propio Hijo.




Lección nº 17:
EN EL CAMINO VARIAS ENSEÑANZAS
Lucas 8: 1-21
Jesús en el camino…
Lucas 8: 1-3
El tiempo que veíamos que se acercaba, ya ha llegado: Jesús está siempre de camino. Ya no le están abiertas las sinagogas, como antes… En vez de la bienvenida, se había encontrado con la oposición; en vez de personas deseosas de escuchar, se había encontrado con los escribas y los fariseos acechándole para delatarle; así es que ahora salió a los caminos abiertos, a las colinas y a la orilla del lago.
Este pasaje nombra a un grupito de mujeres que ayudaban a Jesús con su dinero. Se consideraba una obra piadosa el sostener a un rabino, y el hecho de que los fieles seguidores de Jesús le ayudaran de este modo no era nada insólito. Pero, como ya hemos notado con los discípulos, no podemos por menos de sorprendernos de lo diferentes que eran entre sí estas mujeres.
Entre ellas se encontraba María Magdalena, así llamada porque era del pueblo de Magdala, de la que Jesús había echado a siete demonios; está claro que había tenido un pasado tenebroso y terrible; y estaba Juana, que era la mujer de Cusa, el secretario de Herodes, el funcionario que se cuidaba de los intereses financieros del rey y por lo tanto gozaba de la mayor confianza e importancia… Es sorprendente encontrarse con María  MMgdalena, con su pasado tenebroso, en la misma compañía que Juana, la dama de la corte.
Es sencillamente maravilloso que Jesús pueda conseguir que vivan en armonía personas de lo más diferentes, sin que ninguna pierda en lo más mínimo su personalidad o sus cualidades.
No hay nada que la iglesia necesite más que el unir en el mismo yugo los diversos temperamentos y cualidades de personas diferentes; en Cristo puede hacerse, ¡y se ha hecho!
En este grupo de mujeres tenemos algunas cuya ayuda era práctica. Como eran mujeres, no se les permitiría predicar; pero aportaban lo que tenían.
No es siempre el que más se ve el que hace lo más importante. Muchas personas importantes en la vida pública no podrían cumplir con su trabajo ni una semana si no fuera por la ayuda que los respalda en casa. No hay don que no se pueda usar en el servicio de Cristo. Muchos de sus servidores más valiosos están en el trasfondo, invisibles pero esenciales a la causa.

La parábola del sembrador
Lucas 8: 4-15
En esta parábola Jesús se vale de un ejemplo que todos sus oyentes reconocerían. Es probable que hasta estuvieran viendo entonces a algún sembrador que estaba sembrando su campo mientras Jesús hablaba.
La parábola nos presenta cuatro clases de terreno:
a) Las parcelas solían ser más bien alargadas, y estaban separadas por senderos o caminos por los que se podía pasar; cuando la semilla caía en esa parte pisoteada y endurecida no tenía posibilidad de penetrar en el suelo.
b) Estaba el suelo rocoso, que no quiere decir aquí un sitio lleno de piedras, sino un terreno que no era más que una capita de tierra por encima de una lancha de roca caliza. Allí no había humedad ni nutrientes, así es que la planta, si nacía, pronto se secaba y moría.
c) El terreno que se llenó de espinos parecía entonces estar bastante limpio. Se puede hacer que un terreno parezca limpio simplemente labrándolo; pero quedaban allí las semillas de los espinos y las raíces fibrosas de las malas hierbas. Las buenas y las malas semillas crecieron juntas; pero las malas eran más fuertes y ahogaron a las buenas.
d) El buen terreno era profundo, y estaba limpio y bien labrado.
Los versículos 9 y 10 siempre han presentado problemas. Parece como si Jesús dijera que hablaba en parábolas para que la gente no le entendiera; pero no podemos creer que ocultara deliberadamente el sentido de su mensaje a sus oyentes.
Mateo 13:13 lo expresa de manera un poco diferente: Dice que Jesús hablaba en parábolas porque la gente no podía ver y entender correctamente. Mateo parece decir que las parábolas no eran para impedir que la gente viera y entendiera, sino para ayudarla a entender; aunque cita inmediatamente después el dicho de Isaías, 6: 9-10: “Les he hablado la Palabra de Dios, y el único resultado es que no han entendido ni una palabra”…
Lo que Jesús realmente quería decir es que la gente puede llegar a ser tan obtusa y dura de mollera que no puede entender la Palabra de Dios cuando les llega. No es culpa de Dios; es que se han vuelto tan perezosos mentalmente hablando, tan cegados por los prejuicios, tan indispuestos a ver lo que no quieren ver, que son incapaces de asimilar la Palabra de Dios.
Esta parábola tiene dos interpretaciones:
Se sugiere que quiere decir que la suerte de la Palabra de Dios depende del corazón en el que se siembra.
a) El sendero endurecido representa la mente cerrada que se niega a recibir la Palabra.
b) El terreno superficial representa a los que aceptan la Palabra, pero que no la meditan ni se dan cuenta de lo que implica, y que se retiran cuando llegan los problemas.
c) El terreno espinoso representa a los que están tan ocupados con otras cosas que desplazan las          cosas de Dios de su vida, aunque estas cosas no sean necesariamente malas…
d) El buen terreno representa al corazón bueno. El buen entendedor se caracteriza por tres cosas: la primera es que escucha con atención; la segunda, que guarda lo que oye en su mente y corazón, y lo medita hasta encontrar su sentido para su propia vida; la tercera, que lo lleva a la acción, que traduce lo que ha oído en obras.
Se sugiere que la parábola es en realidad una advertencia contra la desesperación:
Consideremos la situación: a Jesús le han expulsado de las sinagogas; los escribas y los fariseos y los líderes religiosos estaban en contra suya, y era inevitable que los discípulos se desanimaran. A ellos dirige Jesús la parábola, y es como si les dijera: “Todos los campesinos saben que una parte de su semilla se perderá; no toda crecerá y dará fruto; sé que tenemos enemigos y adversarios; pero, no desesperéis: al final, la cosecha es segura”.
Esta parábola puede ser una advertencia acerca de cómo debemos oír y recibir la Palabra de Dios, y un estímulo para desterrar todo desánimo, en la seguridad de que las dificultades no podrán destruir la cosecha de Dios.

Consejos para la vida
Lucas 8: 16-18
Aquí tenemos tres dichos, cada uno con su propia advertencia para la vida.
El versículo 16 hace hincapié en el carácter visible de la vida cristiana. El Evangelio es por naturaleza algo que se ha de ver… Casi todo el mundo tiene un miedo instintivo a ser diferente; y el mundo siempre acaba persiguiendo a los que no se someten a sus principios. Pero, aunque nos resulte difícil, se nos impone la obligación de no avergonzarnos de confesar comos somos y a quién servimos; y, si lo miramos como es debido, lo consideraremos no un deber sino un privilegio.
El versículo 17 hace hincapié en la imposibilidad de mantener secretos.
Algunas veces tratamos de ocultarnos cosas a nosotros mismos: cerramos los ojos a las consecuencias de ciertas acciones y hábitos, aunque las conocemos de sobra… Algunas veces tratamos de ocultarles las cosas a los demás; pero más tarde o más temprano salen a la luz…Y algunas veces tratamos de ocultarle las cosas. a Dios; pero no hay pretensión más imposible (Génesis 16:13).
El versículo 18 expone la ley universal de que el que tiene recibirá más, y el que no tiene, perderá lo que tiene. Si uno está físicamente bien, y se mantiene bien, tendrá el cuerpo dispuesto para nuevos esfuerzos; si se descuida, perderá la capacidad que tenía. Cuanto más estudiamos, más podemos aprender; pero, si nos negamos a estudiar, perderemos lo que sabíamos. Esto es tanto como decir que no nos podemos plantar en la vida. Cuando no vamos para adelante, vamos para atrás. El que busca, siempre encontrará más; pero el que deja de buscar, acabará por perder hasta lo que tiene.

La verdadera familia
Lucas 8: 19-21
No es difícil ver que, por lo menos durante la vida de Jesús, su familia no estaba de acuerdo con Él. Marcos 3:21 nos dice que llegaron sus parientes, e intentaron detenerle, porque creían que estaba loco. En Mateo 10:36, Jesús les advierte a sus seguidores que los enemigos de uno pueden muy bien ser los de su propia familia, cosa que parecía estar diciendo por propia y amarga experiencia.
Pero hay en este pasaje una gran verdad práctica: Es posible que uno se encuentre más próximo a los que no son sus parientes que a su propia familia…  Lo que relaciona más profundamente a las personas puede no ser la consanguinidad, sino la mente y el corazón.
Recordemos que lo más sublime de Jesús es que Él es el único ser humano que ha conseguido tener su voluntad en perfecta armonía con la de Dios. Por tanto, todos los que tienen como suprema finalidad en la vida el hacer coincidir su voluntad con la voluntad de Dios son los verdaderos parientes de Jesús.
Hay una lealtad que sobrepasa todas las lealtades terrenales; hay algo que tiene prioridad sobre las cosas más queridas de la Tierra. En este sentido, Jesucristo es un señor exigente, porque no está dispuesto a compartir la prioridad en el corazón humano... Eso es duro; pero tiene esta maravillosa consecuencia: cuando nos entregamos totalmente a Cristo entramos a formar parte de una familia cuyas fronteras abarcan toda la Tierra, lo cual es algo que compensa con creces todas las pérdidas que se hayan de sufrir.




Lección nº 18:
VARIOS MILAGROS DE JESÚS
Lucas 8: 22-56
Calma en la tempestad
Lucas 8: 22-25
Lucas nos cuenta esta escena con una extraordinaria economía de palabras, pero con gran efectividad. No cabe duda de que Jesús decidió cruzar el lago porque tenía mucha necesidad de descanso y de tranquilidad. Mientras navegaban, se quedó dormido… Estaba cansado, como a veces lo estamos todos nosotros; también Él podía llegar al punto de agotamiento en que es imperiosa la necesidad de dormir.
Entonces se desencadenó la tempestad. El Mar de Galilea es famoso por sus turbiones repentinos… El Mar de Galilea está a más de 200 metros por debajo del nivel del mar, y está rodeado de mesetas cercadas de grandes montañas que actúan como embudos que canalizan los vientos fríos de las montañas. Y así surgen las tempestades.
Fue una de esas tormentas repentinas la que atacó a la barquilla aquel día, y las vidas de Jesús y sus discípulos estuvieron en peligro. Los discípulos le despertaron, y Él calmó la tempestad con una palabra. Todo lo que hacía Jesús tenía un sentido más que temporal; y el verdadero significado de este incidente es que donde está Jesús, la tempestad se convierte en calma.
Jesús siempre calma las tormentas con las que la vida puede sorprendernos:
Jesús calma las tormentas de la tentación. A veces nos asaltan las tentaciones con una fuerza casi arrolladora… Si nos enfrentamos con la tempestad de la tentación a solas, pereceremos; pero Cristo trae la calma, y las tentaciones pierden la fuerza.
Jesús calma las tormentas de las pasiones. La vida le es más difícil al que tiene un corazón caliente y un temperamento fogoso… Es una batalla perdida a menos que Jesús nos dé la calma de la victoria.
Jesús calma la tempestad de la aflicción… A todas las vidas llega a veces la tempestad del dolor, porque el dolor es siempre el precio del amor, y el que ama tiene que sufrir. Ese día, en la presencia de Jesús, se nos enjugan las lágrimas y se nos suavizan las heridas del corazón.

La sanación de un endemoniado
Lucas 8: 26-39
Jamás empezaremos a entender este relato a menos que nos demos cuenta de que, pensemos nosotros lo que pensemos, los demonios eran algo muy real para aquella gente de Gadara, y para el mismo hombre. Ahora se diría que era un caso de demencia violenta. Era un peligro para la gente, así es que vivía entre las tumbas, que se creía que eran la morada de los demonios.
Fijémonos en el valor de Jesús al tratar con aquel hombre, que tenía una fuerza más que brutal para romper cadenas y rejas… Sus vecinos le tenían tanto miedo que no se atrevían a hacer nada por él. Pero Jesús le recibió con tranquilidad y calma.
Cuando Jesús le preguntó cómo se llamaba, el hombre contestó que “Legión”… (La legión romana era un regimiento de 6.000 soldados; probablemente la pobre mente afligida sentía que no era un demonio, sino toda una legión de ellos lo que tenía dentro de sí… Es posible que su mal hubiera empezado al ver en su infancia a una legión romana cometer atrocidades)
La cuestión de los cerdos ha constituido una gran dificultad para muchos, que no comprenden cómo Jesús pudo hacerles aquello a unos cerdos inocentes… Jesús estaba aplicando su poder para curar un caso realmente difícil y probablemente debía convencer a aquel hombre de que su poder era suficiente… Fuera como fuera por qué Jesús lo dispuso así, ¿podemos comparar el valor de una manada de cerdos con el del alma inmortal de un hombre? ¿Nos vamos a quejar de que costara la vida de aquellos cerdos el salvar aquella alma? Si la única manera de convencer a ese hombre de la realidad de su cura era el que perecieran aquellos cerdos, parece señal de una necia ceguera el objetar la acción de Jesús.
Los gadarenos entonces le pidieron a Jesús que se fuera. Tal vez les fastidiaba que la rutina de sus vidas se alterara... Todo seguía su marcha en paz hasta que llegó ese revolucionario de Jesús, y le rechazaron. Y tal vez apreciaban a sus cerdos más que al alma de un hombre…
El dar más valor a las cosas que a las personas es uno de los mayores peligros de la vida. Eso es lo que crea los suburbios pobres y las explotaciones injustas… No hay absolutamente nada en el mundo tan importante como una persona humana.
Por otra parte era natural que el hombre que había sido sanado quisiera irse con Jesús, pero Jesús le mandó a su casa. El testimonio cristiano, lo mismo que la caridad, empieza en casa. Nos sería mucho más fácil hablar de Jesús entre los que no nos conocen; pero es nuestro deber, allí donde Cristo nos pone, testificar de Él… Y si resulta que somos los únicos cristianos en la tienda, en la oficina, en la escuela, en la fábrica o en el círculo en el que trabajamos o vivimos, no tenemos por qué quejarnos. Es un desafío en el que Dios nos dice: “Ve a decirles a los que te encuentras todos los días lo que Yo he hecho por ti”…

La curación de una niña
Lucas 8: 40-42 y  49-56
Lucas sintió en lo más íntimo la tragedia de la muerte de esta niña.
Era hija única. Sólo Lucas nos lo dice; se había apagado la luz de la vida de sus padres. Tenía unos doce años de edad. Estaba en el albor de la feminidad; en oriente algunas chicas hasta se casaban a esa edad... Lo que debía haber sido la mañana de la vida se había convertido en la noche.
Jairo era el presidente de la sinagoga. Es decir, que era el responsable de la administración de la sinagoga y de mantener el culto público. Había llegado a lo más alto en la estimación de sus semejantes. Sin duda tenía una posición desahogada. Parecía como si la vida, como sucede a veces, le hubiera dado generosamente muchas cosas, pero ahora estuviera a punto de quitarle la más preciosa. Toda la desgracia de la vida estaba en el trasfondo de esta historia.
Ya habían venido las lloronas… A nosotros nos parece algo repulsivamente artificial pero el alquiler de estas mujeres era una señal ineludible de respeto a la persona muerta. Los que estaban allí estaban seguros de que la niña estaba muerta. Pero Jesús dijo que estaba simplemente dormida; y a pesar de las burlas de ellos, y fuera como fuera, Jesús le devolvió la vida.
Debemos fijarnos en un detalle muy práctico: Jesús dijo que le dieran algo de comer a la niña en seguida. Jesús estaba en los pequeños detalles también: la vida seguía su curso y había que suplir las necesidades… Pero esta acción manifestaría, además, que nada había sido una ilusión.
Un personaje interesante de la historia es Jairo:  no cabe duda de que era un hombre que podía tragarse el orgullo. Era presidente de la sinagoga y para entonces, las puertas de la sinagoga se le estaban cerrando a Jesús a toda prisa, si es que no estaban ya del todo cerradas. Pero en su hora de necesidad, se tragó el orgullo y fue a pedir ayuda.
Cuando todo va bien pensamos que podemos solos con la vida. Pero para experimentar los milagros de la gracia de Dios tenemos que tragarnos el orgullo, y confesar humildemente nuestra necesidad, y pedir ayuda…
Y no cabe duda de que Jairo era un hombre de fe firme. Sintiera lo que sintiera, no aceptó sin más el veredicto de las plañideras. Esperaba contra toda esperanza. No cabe duda de que, en su corazón, algo le decía: “Nunca se sabe lo que puede hacer Jesús”… Y él confió hasta el final.
En el día más negro podemos seguir confiando en los recursos inagotables y en la gracia y en el poder inagotable de Dios.

Entre la multitud
Lucas 8: 43-48
Esta historia quedó grabada en la memoria y en la imaginación de la Iglesia Primitiva. Se creía que la mujer era una gentil de Cesarea de Filipo…
La vergüenza de la mujer se explica porque su enfermedad la hacía inmunda (Levítico 15:19-33). El flujo de sangre la había separado de la vida. Por eso fue por lo que no vino a Jesús abiertamente, sino ocultándose entre la gente; y por lo que le dio tanta vergüenza darse a conocer cuando Jesús preguntó que quién le había tocado.
Todos los judíos devotos llevaban franjas en la ropa (Números 15:37-41; Deuteronomio 22:12). Las franjas terminaban en cuatro borlas de hilo blanco atadas con un cordón azul y probablemente fue uno de esos el que tocó la mujer.
Es interesante en el relato que, desde el momento en que la mujer se encuentra cara a cara con Jesús, parece que ya no hay nadie más en la escena. Todo había sucedido en medio de un gentío impresionante; pero Jesús se olvida de la gente y habla con la mujer como si estuvieran los dos solos. Era una pobre paciente sin importancia, con una dolencia que la hacía inmunda, pero Jesús se le entregó por entero…
Para Jesús, las personas no tenían esas etiquetas que hace la sociedad; un hombre o una mujer eran simplemente personas en necesidad. El amor no piensa nunca en la gente en términos de importancia humana.
Casi todo el mundo habría considerado que no tenía ninguna importancia la mujer que se coló por entre la multitud para tocar la franja de la ropa de Jesús; pero, para Él, era una persona necesitada… Y así Él nos ha visto y nos ve a nosotros también. Alguien dijo acertadamente: “Dios nos ama a cada uno como si no hubiera más que uno a quien amar”.




Lección nº 19:
UNA MISIÓN, UN MILAGRO
Y UNA VERDAD TRASCENDENTAL
Lucas 9: 1-22
Predicando y sanando
Lucas 9:1-9
En el mundo antiguo no había más que una manera eficaz de transmitir un mensaje, y era mediante la palabra hablada. No existían los periódicos Y los libros se tenían que escribir a mano… Por eso Jesús mandó en misión a los Doce. Como hombre Él estaba limitado por el espacio y el tiempo; sus ayudantes tenían que ser bocas que hablaran por Él.
Tenían que viajar ligeros. Eso era simplemente porque, el que viaja ligero puede llegar más lejos y más pronto. Cuanto más depende uno de cosas materiales tanto más atado está a un lugar. Dios necesita un ministerio estable; pero también necesita personas dispuestas a dejarlo todo para emprender la aventura de la fe.
Si no los recibían, tenían que sacudirse de los pies el polvo que se les hubiera pegado al marcharse de aquel lugar… Cuando los rabinos llegaban a Palestina de un país pagano, se sacudían hasta la última partícula de polvo pagano de los pies. Una aldea o una ciudad que no recibiera a los mensajeros de Jesús tenía que ser tratada como los judíos estrictos tratarían a un país pagano. Había rechazado la oportunidad, y había quedado excluida.
Que la misión fue efectiva se ve por la reacción de Herodes. Sucedían cosas...
Tal vez, para algunos, había llegado Elías, el precursor anunciado… Tal vez se trataba del gran profeta esperado (Deuteronomio 18:1 y ss.). Pero, como ha dicho alguien, “la conciencia nos hace a todos cobardes”, y Herodes temía que Juan el Bautista, a quien él creyó haber eliminado, había vuelto del otro mundo a acecharle…
Una cosa del ministerio que Jesús les confió a los Doce se repite varias veces en este breve pasaje: predicar y sanar iban juntos. Une el interés en los cuerpos y en las almas. No se trataba sólo de palabras, por muy consoladoras que fueran, sino también de hechos. Era un mensaje que no se limitaba a dar noticias de la eternidad, sino que se proponía cambiar las condiciones de la Tierra.
Nada ha hecho tanto daño a la iglesia como la repetida afirmación de “las cosas de este mundo no tienen importancia”.
Por supuesto que no se debe exagerar la importancia de las cosas materiales; pero tampoco deben descuidarse… La iglesia pagará muy caro si olvida de que Jesús empezó por mandar a sus hombres a predicar el Reino y a sanar, a salvar a la gente en cuerpo y alma.

Dando de comer a miles
Lucas 9: 10-17
Este es el único milagro de Jesús que nos cuentan los cuatro evangelistas (Mateo 14:13 y ss.; Marcos 6:30 y ss. y Juan 6:1 y ss.). Empieza de una manera encantadora: con la vuelta de los Doce de su expedición. Nunca hubo un tiempo en el que Jesús necesitara más que entonces estar a solas con ellos; por eso se los llevó a los alrededores de Betsaida, una aldea al borde del Jordán, al Norte del Mar de Galilea. Pero, cuando la gente descubrió que se les había marchado, salieron en su búsqueda a millares, y Él les salió al encuentro y les dio la bienvenida… Y aquí tenemos toda la compasión divina manifestada en Jesús.
¿Cómo nos habríamos sentido si hubiéramos buscado algún lugar solitario para estar con nuestros amigos más íntimos, y de pronto se nos presentara un ruidoso gentío con sus demandas insistentes? Algunas veces estamos demasiado ocupados para que se nos interrumpa; pero para Jesús la necesidad humana era siempre lo más importante.
Caía la tarde; los hogares estaban lejos, y todos estaban cansados y hambrientos; y Jesús dejó perplejos a sus discípulos cuando les dijo que le dieran de comer a toda aquella gente.
Una observación interesante es considerar que hay dos maneras de considerar este milagro. La primera, se puede creer sencillamente que Jesús creó comida para aquella vasta multitud; tenía poder para hacerlo; y la segunda, y esto es lo que algunos creen que sucedió, es que la gente estaba hambrienta, pero era egoísta… Todos tal vez llevaban algo de comer, pero no querían compartirlo con otros. Los Doce pusieron a disposición de todos sus reducidos recursos, y entonces otros se sintieron movidos a sacar lo que tenían, y al final hubo más que suficiente para todos. Así es que se puede considerar como un milagro que cambió a las personas reservadas y egoístas en personas generosas, un milagro en el que Cristo cambió el interés de cada uno en sí, mismo en voluntad de compartir…
Es posible que lo que sucedió incluyera las dos cosas; porque, ¿de qué serviría un milagro que saciara el hambre de un momento pero dejara a todos tan egoístas como antes?...
¿No es este milagro moral el que necesita el mundo, en el que sabemos que habría suficiente para todos si los que tienen de más estuvieran dispuestos a compartir con los que tienen de menos?
Por otra parte, es la inquebrantable certeza de que Dios suple y multiplica los recursos naturales cuando los usamos con gratitud y obediencia a su voluntad.
Antes de distribuir los alimentos, Jesús dio gracias a Dios por ellos… La oración que se hacía en las casas judías antes de las comidas era: “Bendito seas, Señor, Rey del Universo, que haces salir el pan de la tierra”. Jesús no quería ponerse a comer sin dar gracias antes al Dador de toda buena dádiva…
Esta es una historia que nos dice algunas cosas importantes:
a) Jesús estaba preocupado porque la gente tenía hambre.
Sería interesantísimo calcular el tiempo que pasó Jesús, no hablando, sino aliviando el dolor de la gente y satisfaciendo sus necesidades.
b) La ayuda de Jesús era generosa. Hubo de sobra para todos. El amor no escatima las cosas para que haya lo justo y nada más. Así es Dios… Dios ha creado un mundo en el que hay más que suficiente para todos si estamos dispuestos a compartir.
c) Como siempre, hay una verdad permanente en lo que sucedió aquel día. En Jesús se suplen todas las necesidades humanas; las espirituales pero también las materiales…

Una verdad aprendida
Lucas 9: 18-22
Este es uno de los momentos más cruciales de la vida de Jesús. Les hizo esta pregunta a sus discípulos cuando ya había decidido ir a Jerusalén (Lucas 9:51). Sabía muy bien lo que le esperaba allí, y la respuesta que dieran a su pregunta tenía una importancia capital. Sabía que iba a morir en una cruz; y quería saber, antes de ponerse en camino, si había alguien que hubiera descubierto de veras quién era Él. De la respuesta correcta dependía todo…  Si se habían dado cuenta, aunque fuera incompletamente, eso quería decir que Jesús había encendido en sus corazones una antorcha tal que el tiempo no podría apagar nunca.
¡Qué gran alivio debe de haber sido para Jesús el escuchar de labios de Pedro el gran descubrimiento!: “¡Tú eres el Mesías de Dios!”… Cuando Jesús oyó aquello, se dio cuenta de que no había fracasado.
Pero los Doce tenían que descubrir, no sólo quién era Jesús, sino lo que aquello significaba. Habían crecido en un ambiente en el que se esperaba que Dios mandara un Rey conquistador que llevara al pueblo de Israel a ser el amo del mundo. A Pedro le brillarían los ojos de emoción cuando hizo su gran confesión. Pero Jesús todavía tenía que enseñarles que el Mesías, el Ungido de Dios, había venido para morir en una cruz. Habían descubierto quién era Él; ahora tenían que descubrir lo que aquello quería decir.
Hay dos grandes verdades generales en este pasaje:
a) Jesús empezó por preguntarles lo que la gente decía de Él; y a continuación, les preguntó directamente a los Doce: “Y, vosotros, ¿quién decís que soy?”…
No es suficiente saber lo que los demás dicen de Jesús; eso no alcanza para ser cristiano... Jesús tiene que ser siempre nuestro descubrimiento personal. El Evangelio no consiste en recitar un credo, sino en conocer a una Persona; y esa Persona es Jesús.
b) Jesús dijo: “Es necesario que vaya a Jerusalén…”. Es del mayor interés el ver las veces que Jesús dice es necesario en el evangelio de Lucas (2:49; 4:43; 13:33; 9:22; 17:25; 24:7)... Jesús sabía que tenía que cumplir su misión. La voluntad de Dios era su voluntad.
No tenía otro propósito en la Tierra que hacer aquello para lo que el Padre le había mandado. El cristiano, como su Señor, es una persona a las órdenes de Dios.




Lección nº 20:
CONDICIONES DEL DISCÍPULO, LA VISIÓN EN EL MONTE
Y LA VERDADERA GRANDEZA
Lucas 9: 23-48

Las condiciones para seguir a Jesús
Lucas 9: 23-27
Aquí establece Jesús las condiciones de servicio para los que quieran ser sus seguidores.
a) Uno tiene que negarse a sí mismo… ¿Qué quiere decir eso? Es ignorar nuestra misma existencia. Es tratar a nuestro yo como si no existiera: Lo corriente es tratarnos cada uno a nosotros mismos como si fuéramos con mucho lo más importante del mundo. Si vamos a ser seguidores de Cristo tenemos que decirle que No a nuestro yo; más todavía: tenemos que olvidarnos de que existe.
b) Cada uno tiene que cargar con su cruz… Jesús sabía muy bien lo que quería decir la crucifixión… El cargar con la cruz quiere decir estar preparado a arrastrar lo que venga por lealtad a  Jesús; quiere decir estar dispuesto a sufrir lo peor que nos puedan hacer a causa de nuestra fidelidad a Él.
c) Uno debe gastar, la vida, no ahorrarla… La pregunta ya no es “¿Cuánto puedo ganar?” sino “¿Cuánto debo dar?”… El cristiano se tiene que dar cuenta de que se le ha dado la vida, no para que se la guarde para sí, sino para que la gaste para los demás; no para abrigar su llama, sino para, consumirse por Cristo y por los demás.
d) La lealtad a Jesús tendrá su recompensa, y la traición su castigo… Si le somos fieles en el tiempo, Él nos lo será en la eternidad; si tratamos de seguirle en este mundo, en el venidero Él nos reconocerá como suyos. Pero si con nuestra vida le negamos, aunque le confesemos con nuestros labios, llegará el día cuando Él tenga que hacer lo mismo con nosotros.

En el último versículo de este pasaje, Jesús dice que algunos de los que estaban allí verían el Reino de Dios antes de morir. Algunos han mantenido que Jesús estaba pensando en su Segunda Venida, y que, por tanto, estaba equivocado... Pero no es a ese momento al que Jesús se refiere.
Lo que Jesús decía es que “antes que pase esta generación veréis las señales de que el Reino de Dios está en marcha”. Y no cabe duda de que aquello ocurrió;  algo vino al mundo que y empezó a cambiarlo. Los intérpretes en unanimidad refieren este momento a la venida del Espíritu Santo en Pentecostés y al nacimiento de la Iglesia, como continuadora de la obra de Jesús en el establecimiento del Reino.

En el Monte de la Transfiguración
Lucas 9: 28-36
Aquí tenemos otro de los momentos decisivos de la vida de Jesús en la Tierra. Debemos recordar que estaba a punto de ponerse en camino hacia Jerusalén y hacia la cruz.
Ya hemos estudiado otro momento decisivo, cuando les preguntó a sus discípulos quién creían que era Él, a fin de saber si alguien había descubierto su verdadera identidad. Pero había algo que Jesús no haría jamás: no daría ni un paso sin la aprobación de Dios. Esto es lo que le vemos buscar y recibir en esta escena.
No podemos saber exactamente qué es lo que sucedió en el Monte de la Transfiguración; pero sabemos que fue algo tremendo. Allí se le aparecieron Moisés, el gran legislador del Pueblo de Israel, y Elías, el más grande de sus profetas. Era como si los príncipes de la vida, del pensamiento y de la religión de Israel le dijeran que siguiera adelante…
Ahora Jesús podía dirigirse a Jerusalén, seguro de que por lo menos un grupito de hombres sabían quién era, seguro de que lo que estaba haciendo era la consumación de toda la vida y el pensamiento de su nación, y seguro de que Dios estaba de acuerdo con el paso que Él daba…
Hay aquí una frase que debemos tener en cuenta… Se nos dice que los apóstoles “cuando se despertaron del todo, contemplaron con sus propios ojos la gloria de Jesús”… En la vida nos perdemos muchas cosas porque tenemos la mente dormida. Hay ciertas cosas que nos mantienen espiritualmente dormidos; y debemos procurar que no sea así para que podamos ver toda la gloria de Dios a nuestro alrededor.
A veces los perjuicios, a veces la falta de disposición a pensar en profundidad, a veces la tendencia a no comprometernos, nos mantienen dormidos…
Pero hay cosas en la vida que pueden despertarnos… A menudo el dolor nos despierta con rudeza; y en ese momento, a través de las lágrimas, vemos la gloria; también el amor verdadero es un despertar a un horizonte que ni siquiera sospechábamos que existía. En otras oportunidades el sentimiento de necesidad nos despierta también; y en ese momento no nos queda más remedio que clamar al Cielo. Ese sentimiento de necesidad nos despierta a Dios…
Haremos bien en pedirle al Señor que nos mantenga despiertos…
El momento en el monte era absolutamente necesario, pero no se podía prolongar; Jesús debía culminar su misión…
Pedro, sin darse cuenta de lo que estaba diciendo, sugirió quedarse allí en aquella gloria con Moisés y Elías en unos refugios que hubieran podido hacer; pero era necesario descender…
A veces se nos conceden momentos que quisiéramos prolongar indefinidamente; pero, después de un tiempo en la cima del monte, tenemos que volver a la lucha y a la rutina de la vida.
Ese momento tiene por objeto darnos las fuerzas para la vida diaria.

Bajando del Monte
Lucas 9:37-45
Tan pronto como Jesús bajó del monte, le asaltaron las exigencias y los desengaños de la vida. Un hombre había acudido a los discípulos en busca de ayuda, porque su hijo único padecía de un mal horrible, que se atribuía a la influencia maligna de un demonio. Debe de haber sido algo horrible el ver al chico retorciéndose en el suelo, y los discípulos no habían podido hacer absolutamente nada. Pero cuando llegó Jesús, resolvió la situación con absoluto dominio, y le devolvió el chico a su padre completamente curado.
Aquí se nos muestra con toda claridad la absoluta suficiencia de Jesús. Cuando Él llegó, la situación estaba fuera de control. La impresión que sacamos es que la gente iba de acá para allá sin saber qué hacer. Los discípulos estaban desbordados, y el padre del chico estaba desanimado y desesperado. A esta escena de desorden llega Jesús, se hace cargo de la situación al instante, y trae la calma.
A menudo nos encontramos en situaciones así en las que todo está descontrolado: sólo el Señor de la vida puede solucionar la vida con su absoluta suficiencia y ponerlo todo bajo control.
Y aquí también termina el incidente con Jesús señalando a la Cruz. Había sido un momento triunfal: Jesús había dominado al demonio y admirado a la gente; y en ese momento, cuando todos estaban dispuestos a aclamarle, Jesús les dice que se dirige a la muerte…
Habría sido fácil seguir por el camino del éxito popular; pero la grandeza de Jesús se vio en que lo rechazó, y escogió la Cruz.
Él no quiso evitar la Cruz a la que llamó a sus seguidores.

La verdadera grandeza
Lucas 9: 46-48
Mientras los Doce siguieran pensando que el Reino de Jesús era de este mundo, era inevitable que se disputaran los puestos más altos. Alguien sugirió que esta pelea surgió porque Jesús se había llevado a la cima del monte a Pedro, Santiago y Juan, y los otros estaban celosos.
Pero Jesús sabía lo que estaban pensando y entonces tomó a un chiquillo y lo puso a su lado; es decir, en el lugar de máximo honor. Seguidamente les dijo que el que recibiera a un chiquillo, le recibía a Él, y el que le recibía a Él, recibía a Dios. ¿Qué quería decir con esto?
Les instaba a servir a Dios, sirviendo a los más débiles; a los que el mundo no tenía en cuenta pero que eran valiosos antes los ojos de Dios. Entonces serían grandes delante del Señor…
Hay muchos que están dispuestos a prestar servicios por prestigio; otros por una posición y otros por el deseo de prominencia... Pero las instrucciones de Jesús son que no debemos dejar que nuestra mano izquierda sepa lo que hace la derecha. Si damos o hacemos algo sólo para recibir algo para nosotros, eso no tiene ninguna gracia (Lucas 6:32-34).




Lección nº 21:
TOLERANCIA, COMPROMISO Y MISIÓN
Lucas 9: 49 – 10: 16

Enseñando a ser tolerantes
Lucas 9: 49-56
Aquí tenemos dos lecciones en materia de tolerancia.
En Palestina había muchos exorcistas, y todos pretendían ser capaces de echar demonios; parece que Juan veía un rival en ese hombre, y quería eliminarlo; pero Jesús no estaba de acuerdo.
El camino más directo de Galilea a Jerusalén pasaba por Samaria; pero la mayor parte de los judíos lo evitaban. Había una enemistad de siglos entre los judíos y los samaritanos (Juan 4:9). De hecho, los samaritanos hacían todo lo posible para molestar, y hasta hacer daño a los grupos de peregrinos que intentaban pasar por su territorio.
Para Jesús no era corriente ir a Jerusalén por ese camino, y menos aún el buscar alojamiento en una aldea samaritana. Al hacerlo, estaba ofreciendo una mano amiga a un pueblo enemigo. En este caso no se trataba sólo de negar la hospitalidad, sino también de rechazar la amistad… A Santiago y a Juan les parecía que estaban haciendo algo digno de alabanza cuando se ofrecieron a pedir la ayuda del Cielo para erradicar aquella aldea. Pero Jesús no se lo permitió.
No hay pasaje en el que Jesús nos enseñe más directamente el deber de la tolerancia. En muchos casos la tolerancia es una virtud perdida y, a menudo, la misma Iglesia sufre esa pérdida… La convicción de que los únicos métodos y creencias correctos son los nuestros ha traído más angustia y desgracia a la iglesia cristiana que ninguna otra cosa.
Todos los caminos que pasan por Jesús conducen a Dios, y Él tiene su propia escalera secreta para llegar a cada corazón. Dios se revela de muchas maneras, y ninguna persona ni iglesia, dentro del cristianismo,  tiene el monopolio de su verdad.
Pero, y esto es tremendamente importante, nuestra tolerancia debe basarse, no en la indiferencia, sino en el amor… Debemos ser tolerantes, no porque no nos importe, sino porque miramos a la otra persona con ojos llenos de amor.
(A  Abraham Lincoln le criticaban por ser demasiado cortés con sus enemigos, y le recordaban que nuestro deber es acabar con ellos… “¿Y no acabo yo con mis enemigos -dijo- cuando los hago mis amigos?”) Aunque alguien esté completamente equivocado, no debemos considerarle un enemigo al que tenemos que destruir, sino como un amigo extraviado al que tenemos que recuperar con amor.
Este principio de tolerancia es fundamental en el establecimiento del Reino de Dios… Y quien sea intolerante, creyéndose dueño de la verdad, presumiendo estar en el Reino, tal vez quede fuera de él…

La sinceridad de Jesús
Lucas 9: 57-62
Aquí tenemos lo que les dijo Jesús a tres posibles seguidores:
a) Su consejo al primero fue: “Antes de hacerte seguidor mío, considera lo que te va a costar”.
Es posible que le hayamos hecho un flaco servicio a la iglesia dejando que la gente se crea que no hay gran diferencia entre el que es miembro de ella y el que no lo es. Deberíamos decir que impone la mayor diferencia del mundo. Tendríamos menos gente; pero los que hubiera estarían comprometidos con Cristo de verdad.
b) Lo que le dijo Jesús al segundo suena duro, pero puede que no lo fuera tanto. Lo más seguro es que el padre de aquél no estuviera muerto ni enfermo... Es probable que quisiera decir: “Te seguiré cuando se me haya muerto mi padre”.
Lo que Jesús quería dejar bien claro es que en todo hay un momento crucial; si se deja pasar la oportunidad, lo más probable es que no vuelva a presentarse. Este hombre sentía en el corazón la llamada a salir de un ambiente espiritualmente muerto; si dejaba pasar ese momento, no saldría nunca.
Jesús nos anima a actuar en seguida cuando tenemos el sentimiento de seguirle... Dudar sería quedarnos atrás.
c) Lo que le dice al tercero es una verdad que nadie puede negar. El que está arando no podrá, jamás hacer un surco derecho si vuelve la cabeza para mirar atrás por encima del hombro. Algunos tienen el corazón en el pasado; siempre andan mirando hacia atrás con añoranza, pensando que “cualquiera tiempo pasado fue mejor”.
El cristiano está en marcha, no hacia el poniente, sino hacia la aurora. La consigna del Reino no es “¡Atrás!” sino “¡Adelante!”…
Así vemos como Jesús, con total sinceridad, manifestó a algunos posibles seguidores no solamente la dimensión absoluta del compromiso, sino también la imposibilidad de duda alguna… Ser dignos de Él es saber que seguirle no es fácil y que nunca jamás miraremos atrás…

La misión de los setenta
Lucas 10: 1-16
Este pasaje se refiere a una misión más amplia que la primera de los Doce. El número setenta era simbólico para los judíos. Era el número de los ancianos que se eligieron para ayudar a Moisés con la tarea de gobernar y dirigir al pueblo en el desierto (Números 11:16, 17, 24, 25); era el número de los miembros del Sanedrín, el consejo supremo de los judíos; también se creía que habían sido setenta los traductores del Antiguo Testamento al griego, por lo que se llama esa versión Septuaginta, y se indica corrientemente como LXX… Finalmente se decía que ese era el número de las naciones del mundo, y Lucas tenía una visión universalista, y puede ser que estuviera pensando en el día cuando todas las naciones conocerán y amarán a su Señor.
(Hay aquí un detalle interesante. Uno de los pueblos que Jesús cita aquí es Corazín. Se supone que Jesús hizo allí muchos milagros; pero este lugar no se menciona en los evangelios nada más que aquí, así que no sabemos nada de lo que Jesús hizo o dijo allí. Aquí tenemos un ejemplo de lo mucho que ignoramos de la vida de Jesús. Los evangelios no son biografías, sino meros bocetos de la vida de Jesús de acuerdo con Juan 21:25).
Este pasaje nos dice algunas cosas de suprema importancia sobre el transmisor y el receptor del Evangelio:
El predicador tiene que estar descargado de cosas materiales; tiene que viajar ligero. Es fácil liarse con las cosas de la vida… Pero el que lleva la Palabra se tiene que concentrar en su tarea, ni perder tiempo en conversaciones sin importancia…
Jesús también les indica que su misionero no debe tener espíritu mercenario; debe comer lo que le pongan por delante, y no debe andarse mudando de casa en casa en busca de mayores y mejores comodidades.
El obrero merece su paga, pero el siervo del Señor crucificado no puede buscar lujos.
Para los oyentes, advierte Jesús que el haber escuchado la Palabra de Dios conlleva una gran responsabilidad. Seremos juzgados según lo que hayamos tenido oportunidad de saber. A un niño se le consienten cosas que se condenarían en un adulto; a un salvaje se le perdonan cosas que se castigarían en un civilizado. La responsabilidad es la otra cara del privilegio.
Jesús deja también en claro que es un error terrible el rechazar la invitación de Dios. En cierto sentido, todas las promesas de Dios que hayamos escuchado pueden convertirse en nuestra condenación. Si las recibimos, son nuestra mayor gloria; pero cada una de las que hemos rechazado será algún día un testigo en contra nuestra.

El regreso de los setenta
Lucas 10: 17-20
A su vuelta, los Setenta estaban jubilosos por las maravillas que habían realizado en nombre de Jesús...
La respuesta de Jesús es difícil de entender. Puede querer decir dos cosas.
Puede querer decir que Jesús sabía que Satanás y todos sus poderes habían recibido el golpe de muerte, aunque aún no se hubiera producido su conquista definitiva.
También puede ser una advertencia contra el orgullo de los mismos discípulos... Fue el orgullo lo que hizo que Satanás se rebelara contra Dios, y en consecuencia fuera arrojado del Cielo, él, que había sido el jefe de los ángeles. Puede que Jesús les estuviera diciendo a los Setenta: “Habéis tenido vuestros triunfos; pero tened cuidado con el orgullo, porque cuando el jefe de los ángeles sucumbió al orgullo fue arrojado del Cielo”… Era cierto que se les había dado todo poder, pero su mayor gloria era que su nombre estaba escrito en el Cielo.
Siempre será la mayor gloria del hombre, no lo que él mismo ha hecho, sino lo que Dios ha hecho por él.




Lección nº 22:
LA GRANDEZA DE JESÚS,
EL BUEN SAMARITANO; Y MARTA Y MARÍA
Lucas 10: 21-42
Sencillez y grandeza
Lucas 10: 21-24
Hay tres grandes pensamientos en este pasaje.
El versículo 21 nos habla de la sabiduría de la sencillez. La mente sencilla podía recibir verdades que las mentes cultivadas no podían admitir. Es posible ser tan erudito que los árboles no le dejan a uno ver el bosque. Después de todo, la fe evangélica consiste en conocer a Cristo; y para eso lo que hace falta no es sabiduría terrenal, sino gracia celestial.
El versículo 22 nos habla de la relación única y exclusiva que hay entre Jesús y Dios. Esto es lo que el Evangelio de Juan quiere decir con “El Verbo se hizo carne” (Juan 1:14), o cuando pone en labios de Jesús “Yo y el Padre, una cosa somos” o “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Juan 10:30, y 14:9). Más que hablar a los hombres acerca de Dios, lo que Jesús hizo fue mostrarles a Dios, porque en Él estaban la mente y el corazón de Dios.
Los versículos 23 y 24 nos dicen que Jesús es la consumación de toda la Historia. Jesús dice en esos versículos: “Yo soy el que todos los profetas y los santos y los reyes esperaban y anhelaban”...
Si quisiéramos decirlo en términos modernos Jesús es el clímax y el punto omega del proceso de la historia, porque en Él el hombre llega a Dios; es a un tiempo la perfección de la humanidad y la plenitud de la divinidad.
En este pasaje se unen la sencillez de la verdad del Evangelio y la grandeza de Jesucristo, el Dios encarnado...

El buen samaritano
Lucas 10: 25-37
La carretera de Jerusalén a Jericó era notoriamente peligrosa. Jerusalén está a 800 metros sobre el nivel del mar; el Mar Muerto, cerca del cual está Jericó, está a 400 metros bajo el nivel del mar; así que, en menos de 30 kilómetros, la carretera salva un desnivel de 1.200 metros. Era una carretera estrecha, bordeada por rocas, con vueltas y revueltas que la hacían terreno abonado para los delincuentes... Cuando Jesús contó esta historia, hablaba de algo que sucedía con frecuencia en la carretera de Jerusalén a Jericó.
Prestemos atención en los personajes.
Tenemos al viajero. A menos que tuviera una urgente necesidad, no fue muy prudente poniéndose en camino de Jerusalén a Jericó a solas, y menos si llevaba mercancías de valor. Los viajeros solían ir en convoyes o caravanas. Parece ser que este hombre estaba corriendo un riesgo innecesario.
Tenemos al sacerdote. Se apresuró a pasar de largo. Sin duda tenía presente que, si tocaba a un muerto, quedaba siete días en estado de impureza legal (Números 19: I1). Eso le impediría cumplir sus deberes en el templo, y no podía arriesgarse. Las exigencias rituales estaban por encima de la caridad.
Tenemos al levita. Este parece que se acercó más al herido antes de pasar de largo. A veces los bandidos usaban a uno de ellos que se hacía el herido; y, cuando un viajero ingenuo se paraba a ayudar, los otros bandidos se le echaban encima y le robaban. Tal vez el levita tenía la consigna de que “lo primero es la seguridad”. No valía la pena correr riesgos para ayudar a nadie.
Tenemos al samaritano. La audiencia. esperaría que ése fuera el más despiadado de todos... Parece que éste era un viajante de comercio al que conocía bien el mesonero. Notamos dos cosas interesantes acerca de él: ¡Tenía buen crédito! El mesonero estaba dispuesto a fiarse de él. Tal vez no fuera muy sano  teológicamente, pero era honrado y fue el único que estuvo dispuesto a ayudar. Puede que fuera samaritano, pero tenía amor en el corazón.
No es tan raro encontrar que los religiosos están más interesados en los dogmas que en la ayuda al necesitado...
Consideremos ahora la enseñanza de la parábola. El escriba que le hizo la pregunta a Jesús iba en serio. Jesús le preguntó que qué decía la ley sobre eso. Los judíos practicantes llevaban en las muñecas unas cajitas llamadas filacterias en las que guardaban ciertos textos de la ley: Éxodo 13:1-10, 11-16; Deuteronomio: 4-9; 11:13-20; 6:4, y 11:13. Es como si Jesús le dijera: “Lee lo que pone en tus filacterias, y encontrarás la respuesta a tu pregunta”. A esos pasajes añadió el escriba Levítico 19:18, que manda al hombre amar a su prójimo cómo a sí mismo... En su pasión por las definiciones, los rabinos se preguntaban quién era el prójimo; los más estrechos  contestaban que el prójimo era solamente otro judío (Algunos hasta llegaban a decir que era ilegal ayudar a una mujer gentil en el momento del parto, porque eso sólo sería ayudar a que hubiera otro gentil en el mundo)... Así. que la pregunta del escriba “¿Quién es mi prójimo?” era de esperar...
La respuesta de Jesús implica tres cosas:
            a) Debemos ayudar al necesitado aunque se haya metido en líos por su propia culpa o    imprudencia, como era probablemente el caso del viajero de la parábola.
            b) Cualquier persona de cualquier nación que está necesitada es nuestro prójimo.
            c) La ayuda debe ser práctica y no limitarse a sentirlo mucho. Es posible que a eso sí llegaron    el sacerdote y el levita, pero no hicieron nada más. La compasión, para ser real, tiene que          desembocar en obras.
Lo que Jesús le dijo al escriba nos dice también a nosotros: “Pues, anda; obra tú de la misma manera”.

Marta y María
Lucas 10: 38-42
Aquí tenemos un choque de temperamentos...
Algunas personas son polvorillas de actividad; otras son naturalmente tranquilas. Y a las activas les cuesta comprender a las contemplativas, y viceversa. No es que la una sea buena y la otra no. Dios no nos ha hecho a todos iguales. Dios necesita sus Martas y sus Marías... Teresa de Jesús decía que en el servicio del Señor deben estar juntas Marta y María.
Estos versículos nos muestran algo más: a veces se muestra una amabilidad equivocada. Recordemos adónde iba Jesús cuando esta escena tuvo lugar: se dirigía a Jerusalén, a morir en la Cruz. Todas sus facultades estaban tensas por la batalla interior que estaba librando para someter su voluntad a la voluntad de Dios. Cuando llegó Jesús a aquella casa de Betania, fue un gran día; y Marta quería celebrarlo ofreciéndole a Jesús lo mejor que hubiera en la casa; así es que iba de acá para allá llevando, y haciendo, y guisando, y preparando cosas... y eso era lo que menos quería Jesús entonces. Quería tranquilidad. Con
la Cruz por delante y la tensión dentro de sí, había acudido a Betania buscando un oasis de calma alejado de las multitudes exigentes aunque sólo durara una o dos horas. Y eso fue lo que le ofreció María... María  comprendió el momento que vivía Jesús y Marta no.
Aquí tenemos una de las cosas difíciles de la vida. A menudo queremos ser amables con la gente, pero a nuestra manera. Y si no acertamos, nos damos por ofendidos y nos quejamos de que no se aprecia nuestro esfuerzo; pero si queremos de veras ser amables, lo primero que debemos intentar es comprender a la persona a la que queremos ayudar, y olvidarnos de todo lo que querríamos hacer nosotros.
Jesús amaba a Marta, y Marta le amaba a Él; pero, cuando Marta se proponía ser amable, tenía que serlo a su manera, que era precisamente la contraria de la que Jesús necesitaba. Jesús amaba a María, y María le amaba a Él, y María le comprendió.




Lección nº 23:
LA ORACIÓN Y LA RESPUESTA A UNA CALUMNIA
Lucas 11: 1-23

La oración
Lucas 11: 1-4
Era costumbre que los rabinos enseñaran a sus discípulos una oración sencilla para uso frecuente. Juan el Bautista lo había hecho con sus discípulos, y ahora le pedían a Jesús los suyos que Él también les enseñara una oración.
Aquí tenemos la versión que nos da Lucas. Es más corta que la de Mateo, pero nos enseña todo lo que necesitamos saber acerca de cómo y qué pedir en oración.
Empieza llamando a Dios,  Padre. Es la manera característicamente cristiana de dirigirnos a Dios (Gálatas 4:6; Romanos 8:15; 1 Pedro 1:17). La primera palabra ya nos dice que al orar no nos estamos dirigiendo a alguien que no está dispuesto a ayudarnos, sino a un Padre que se complace en suplir las necesidades de sus hijos.
Debemos fijarnos especialmente en el orden… Antes de pedir nada para nosotros mismos, Dios y su gloria y el respeto que le es debido ocupan el primer lugar.
La oración incluye toda la vida.
a) Incluye la necesidad presente. Nos dice que pidamos nuestro pan cotidiano; es decir, el alimento para el día que oramos… Esto nos recuerda la antigua historia del maná en el desierto (Éxodo 16:11-21): sólo se podía recoger lo necesario para la necesidad del día. No nos tenemos que preocupar del futuro desconocido, sino de “vivir al día”…
b) Incluye los pecados pasados. Cuando oramos, no podemos olvidarnos de pedirle perdón a Dios, porque todos somos pecadores ante la santidad de Dios.
c) Incluye las pruebas futuras. Tentación quiere decir situación de prueba, e incluye mucho más que la seducción al pecado: todas las situaciones que constituyen un desafío y una prueba a la integridad y fidelidad de una persona. No podemos librarnos de ellas, pero las podemos sobrellevar en comunión con Dios.
Alguien ha dicho que la Oración se puede usar de dos maneras diferentes en nuestra vida devocional: si la usamos al principio, despierta toda clase de deseos santos que nos conducen por los auténticos senderos de la oración; y si la usamos al final, resume y completa todas las peticiones que traemos a la presencia de Dios.

“Pedid y recibiréis”
Lucas 11: 5-13
En Oriente, la hospitalidad es un deber sagrado; no se salía del paso dándole al recién llegado cualquier cosa, sino que había que ofrecerle una buena comida. Cuando un viajero llegaba tarde, el de la casa se podía encontrar en un apuro para cumplir el sagrado deber de la hospitalidad; sobre todo si tenía la panera vacía. Aunque era de noche, éste fue a pedirle ayuda a un amigo, que ya había atrancado la puerta. En Oriente uno no llamaría a una puerta cerrada si no fuera un caso de grave necesidad. Por la mañana, se abrían las puertas y no se cerraban en todo el día; pero si ya estaba cerrada la puerta, era señal de que no se debía molestar. Pero el amigo importuno no se daba por vencido.
Las casas de los pobres en Palestina no tenían nada más que una habitación, con una pequeña ventana para ventilar. El suelo era de tierra apisonada cubierta con cañas o paja. La habitación estaba dividida en dos partes, no mediante una pared, sino con una especie de plataforma; dos terceras partes de la habitación estaban a nivel del suelo, y el otro tercio estaba un poco elevado; allí era donde estaba el brasero, encendido toda la noche, alrededor del cual dormía toda la familia, no en camas, sino en una especie de catres…
Era corriente que las familias fueran numerosas, y dormían juntitas para darse calor. Al levantarse uno molestaba a toda la familia. Además, en las aldeas era costumbre meter en la casa por la noche el ganado, corrientemente gallinas y cabras.
¿Todavía nos sorprende que el hombre de la casa no quisiera levantarse? Pero el amigo necesitado seguía llamando sin vergüenza (eso es lo que quiere decir la palabra en el original), hasta que el de dentro, con toda la comunidad inquieta para entonces, acababa por levantarse a darle lo que necesitaba.
La lección de esta parábola no es que debemos persistir en la oración… La lección aquí se deduce, no de la semejanza, sino del contraste. Lo que Jesús quiere decir es que si la insistencia desvergonzada y molesta de un supuesto amigo acaba por obligar a otro supuesto amigo egoísta y comodón a levantarse de la cama comunal y darle lo que necesita, ¡cuánto más Dios, que es un Padre modelo, suplirá las necesidades de sus hijos!...
Lo dicho no nos exime de la insistencia en la oración. Después de todo, la prueba de la sinceridad de nuestro deseo está en la pasión con que lo pedimos, porque acudimos a un Dios que conoce nuestras necesidades aún mejor que nosotros, y cuyo corazón está henchido de amor generoso hacia nosotros. Si no recibimos lo que pedimos, no es porque Dios nos lo niega, sino porque tiene algo mejor para darnos.

La calumnia y la respuesta de Jesús
Lucas 11: 14-23
Cuando los enemigos de Jesús se vieron incapaces de atacarle con medios limpios, recurrieron a la calumnia. Dijeron que Jesús tenía poder sobre los demonios porque estaba en trato con el príncipe de los demonios. Atribuían su poder, no a Dios, sino al diablo.
Jesús les dio una doble respuesta irrefutable.
En primer lugar les asestó un hábil golpe. Había muchos exorcistas en Palestina en tiempos de Jesús; les dijo: “Si yo echo a los demonios porque tengo un trato con el príncipe de los demonios, ¿cómo los echan los de vuestra casta? ¡Si me condenáis a mí, os estáis condenando a vosotros!”…
En segundo lugar, usó un razonamiento incontestable. Un reino que tiene una guerra civil interminable no puede sobrevivir. Si el príncipe de los demonios le está dando a alguien poder para derrotar a sus emisarios, está acabado…
Jesús sostiene que no hay más que una manera de dominar al guerrero fuerte armado, y es cuando se es más fuerte que él, refiriéndose a que el poder de Dios es mayor que el del diablo…
De este pasaje surgen ciertas verdades permanentes:
No es raro que se recurra a la calumnia cuando no se tienen buenas razones. No hay nada tan cruel como la calumnia, porque mucha gente presta oídos más fácilmente a lo malo que a lo bueno; y no debemos creer que podremos estar libres de ese pecado, por lo que debemos estar siempre atentos para no caer…
Una vez más notamos que para Jesús la prueba de que el Reino de Dios había venido era el hecho de que los que sufrían eran sanados… La meta de Jesús no era sólo la salvación del alma, sino de la persona entera; aunque debemos tener siempre en cuenta que la sanidad depende siempre de la voluntad de Dios y la salvación de la decisión del hombre… Dios me sana de la enfermedad si Él lo quiere; Dios me salva de mis pecados si yo lo quiero.
Lucas concluye este pasaje con el dicho de Jesús de que el que no está de acuerdo con El está en contra de Él, y que el que no ayuda a reunir el rebano está dispersándolo.
No hay lugar para la neutralidad en la vida cristiana. El que se mantiene al margen del bien,  estará ayudando al mal.




Lección nº 24:
EL ALMA VACÍA, LA RESPONSABILIDAD Y
EL CORAZÓN ENDURECIDO…
Lucas 11: 24-36

El peligro del alma vacía
Lucas 11: 24-26
La historia trata de una persona de la que echaron a un espíritu malo. Éste fue vagando por ahí en busca de un sitio donde descansar, pero no lo encontró; así que decidió volver a su antigua morada. Y se encontró con que la persona estaba limpia y ordenada, pero vacía. Así que el espíritu malo se fue a buscar a otros siete espíritus todavía peores que él, y se los trajo a vivir con él en su antigua casa... y aquella persona acabó peor de lo que había estado antes.
Aquí tenemos una verdad fundamental: no podemos dejar el alma vacía… No basta con desterrar los malos pensamientos y hábitos. Un alma vacía es un alma en peligro. No basta con echar al mal; hay que dejar entrar al bien.
Eso quiere decir que no se puede cimentar una experiencia espiritual con negativos, enfatizando lo que no se debe hacer, sin exaltar lo que sí debemos hacer… Es peligroso cuando la religión se presenta como una serie de actos negativos. Es necesario limpiar; pero después de desarraigar el mal hay que plantar y cultivar el bien.
La mejor manera de evitar el mal es practicar el bien. A veces nos asaltan malos pensamientos. Si todo lo que hacemos es decirnos: “No voy a pensar en eso”, seguimos pensando en ello cada vez más. El remedio está en pensar en otra cosa, en desterrar el pensamiento malo con uno bueno. No se es bueno por no hacer cosas malas, sino llenando la vida de cosas buenas.

La bendición verdadera
Lucas 11: 27-28
Los versículos 27 y 28 nos presentan a Jesús diciendo una verdad muy seria. La mujer se había dejado llevar por la emoción del momento, y Jesús la devolvió a la realidad. La emoción momentánea no tiene por qué ser mala, pero lo más valioso de la vida es la obediencia de cada día. Los mejores sentimientos no pueden ocupar el lugar de la fidelidad.
La mujer que le echó a Jesús aquella bendición no sabía que la bienaventuranza verdadera de la madre de Jesús la recibió cuando creyó la Palabra de Dios y se entregó a Él en perfecta obediencia (Lucas 1:38 y 45)… Jesús hace extensiva esta bendición a todos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen por obra.

La responsabilidad por los privilegios
Lucas 11: 29-32
Los judíos querían que Jesús hiciera algo realmente sensacional para demostrarles que era el Mesías. Unos años después, hacia el 45 d.C., un tal Teudas pretendió ser el Mesías e inició una revolución. Hizo que la gente le siguiera, porque les prometió detener las aguas del Jordán haciendo un camino por en medio para pasar al otro lado. No hace falta decir que fracasó, y los romanos acabaron pronto con los rebeldes; pero eso era la clase de cosa que la gente le exigía a Jesús para probar que era el Mesías. No se daba cuenta de que la mayor señal que Dios había de dar nunca era Jesús mismo.
Cuando Salomón era rey, la Reina de Saba reconoció que su sabiduría era sobrenatural, y vino de muy lejos para beneficiarse de ella; cuando Jonás predicó a los habitantes de Nínive, reconocieron en él la auténtica voz de Dios, y se arrepintieron y salvaron de la destrucción. El Día del Juicio, estas personas se levantarán a dar testimonio en contra de los judíos del tiempo de Jesús, porque éstos habían tenido una oportunidad y un privilegio incomparablemente mayores que los suyos y se habían negado a recibirlos. La condenación de los judíos sería tanto más definitiva cuanto fueron mayores sus privilegios.
El privilegio y la responsabilidad van siempre de la mano.
Así sucede con los cristianos en nuestro tiempo:
Todos tenemos a nuestra disposición la Biblia, la Palabra de Dios. Se ha pagado un alto precio para que llegara hasta nosotros. Los traductores de la Biblia al español, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera, fueron perseguidos por la Inquisición, y se salvaron de morir en la hoguera gracias a que pudieron huir al extranjero; otros fueron torturados para que delataran a todos los protestantes que conocieran, y dieron su vida para que la Palabra de Dios entrara en Europa, y finalmente en el mundo… No hay libro que haya costado tantas vidas como la Biblia. Nosotros tenemos el privilegio de poseer un ejemplar de la Biblia, pero es un privilegio del que tendremos que dar cuenta.
También disfrutamos de libertad de cultos, que consideramos como un derecho; y esto también es un privilegio que ha costado muchas vidas… Este también es un privilegio del que tendremos que dar cuenta.
Si una persona tiene a Cristo, y el Libro de Cristo, y la Iglesia de Cristo, es heredera de todos los privilegios de Dios… Si, poseyéndolos, no los usa, o los rechaza como hicieron los judíos en tiempos de Jesús, ¿cómo responderá cuando se le pidan cuentas de los privilegios que se le concedieron?

El corazón endurecido e insensible
Lucas 11: 33-36
El cuerpo depende de los ojos para captar la luz; si están sanos, el cuerpo recibe la luz que necesita; pero, si están enfermos, la luz se convierte en oscuridad. De la misma manera, la luz de la vida depende del corazón; si está como es debido, en comunión con Dios, toda la vida está iluminada; si no, toda la vida está en tinieblas… Jesús nos advierte que comprobemos que la luz interior está encendida.
El corazón se nos puede endurecer… La primera vez que hacemos lo que no debemos sentimos temor y hasta dolor de corazón. Cada vez que lo repetimos sentimos menos temor, hasta que por último no nos produce ni la más mínima inquietud. El pecado tiene un poder endurecedor terrible. No hay nadie que haya dado el primer paso hacia el pecado sin sentir la advertencia de su corazón; pero si comete ese pecado repetidas veces, llegará un momento cuando lo haga como si tal cosa.
Por eso el corazón se nos puede poner insensible frente al dolor que nos rodea. Es trágico cómo nos acostumbramos a aceptar las cosas. Al principio sentimos dolor en nuestros corazones al contemplar el sufrimiento y el dolor del mundo; pero muchos acaban por acostumbrarse y aceptarlo sin sentirlo ni lo más mínimo… Está demostrado que muchas personas sienten más intensamente las cosas cuando son jóvenes que más adelante en la vida.
El corazón también se nos puede volver rebelde. Una persona puede llegar a saber lo que debe hacer, y hacer lo contrario; sentir la mano de Dios sobre su hombro, y encogerlo y retirarlo, y seguir el camino que conduce al país lejano cuando Dios la está llamando para que vuelva a casa.
¡Que Dios nos libre de tener un corazón entenebrecido!




Lección nº 25:
EL PECADO DEL LEGALISMO
Lucas 11: 37-54

El legalismo estéril
Lucas 11: 37-44
El fariseo se sorprendió de que Jesús no se lavara las manos antes de comer. No era cuestión de limpieza, sino de leyes ceremoniales. Se tenían que cumplir los detalles más insignificantes. Se tenían grandes vasijas de agua especialmente para ese fin, porque el agua ordinaria podía estar contaminada…Primero había que verter el agua en la mano empezando por la punta de los dedos de forma que corriera hasta la muñeca; luego había que limpiar cada palma restregándola con el puño de la otra mano; y por último se vertía agua en la mano otra vez, ésta empezando por la muñeca para que corriera hasta la punta de los dedos. Para el fariseo, el omitir el más mínimo de estos detalles era pecado; y el comentario de Jesús fue que, si tuvieran el mismo cuidado en mantener limpio el corazón como en limpiarse las manos, serían mejores personas.
Ellos se guardaban de cumplir con sus pagos… Había algunos impuestos que un judío practicante no se olvidaría de pagar jamás.
a) Los primeros frutos o primicias de la tierra. Se ofrecían en el templo siete clases de primeros frutos: los de los trigales, de la cebada, de la viña, de la higuera, del granado, del olivo y de la colmena.
b) Estaba la “terumá”... Los primeros frutos se ofrecían a Dios, pero la terumá era la contribución al mantenimiento de los sacerdotes; había que dar la quincuagésima parte de la producción.
c) Estaba el diezmo. Este se pagaba directamente a los levitas, que a su vez pagaban a los sacerdotes el diezmo de todo lo que recibían... Hasta qué punto eran meticulosos en el diezmo los fariseos se ve en que diezmaban hasta la ruda, que la ley decía que no había que diezmar. No les importaba cómo fueran sus corazones o sus sentimientos, ni si dejaban de cumplir con la equidad u olvidaban el amor; pero no omitían los diezmos.
Por otra parte, los asientos más importantes de la sinagoga, que ellos pretendían, eran los que estaban al frente, de cara al auditorio; los de la primera fila, e iban disminuyendo en honor hacia atrás. ¡La ventaja de los asientos principales era que todo el mundo los podía ver!
Y también amaban ser reconocidos… Cuanto más exageradas eran las muestras de respeto que recibían los fariseos de los que los saludaban en las calles y plazas, mejor se sentían…
Pero Jesús los compara con tumbas… En Números 19:16 se establece que “cualquiera que tocare sobre la faz del campo una tumba, siete días será inmundo”. Los inmundos no podían asistir a los cultos. Y podía ser que alguien pisara una tumba sin darse cuenta; pero quedaba inmundo lo mismo. Jesús dijo que los fariseos son exactamente así: aunque no se diera cuenta la gente, su influencia era nociva. El que entrara en contacto con ellos, aunque no se diera cuenta de su corrupción, se contaminaba de ideas falsas acerca de Dios y de lo que Él nos manda.
Dos cosas sobresalían en los fariseos, y por ellas los condenaba Jesús.
a) Se limitaban a lo externo. Mientras se cumpliera eso, lo demás no importaba. Podían tener el corazón tan negro como el infierno, absolutamente falto de caridad y equidad; pero, mientras cumplieran con todos los detalles rituales a su debido tiempo, creían que eran buenos a los ojos de Dios.
b) Se limitaban a los detalles. Comparados con el amor, la amabilidad, la equidad y la generosidad, el lavarse las manos con meticulosidad y el pagar los diezmos con exactitud matemática son detalles pequeños…
Esto sucede muchas veces en muchos creyentes y el muchas iglesias… Se pierde el tiempo en pequeñeces, se olvida el fundamento del amor y se deja de cumplir la suprema misión de llevar el Evangelio con denuedo, cayendo en este fariseísmo tan repudiado por Jesús…

El legalismo pecaminoso…
Lucas 11: 45-54
Aquí se exponen tres cargos contra los escribas:
Eran expertos en la ley; les imponían a los demás mil y una cargas de la ley ceremonial, pero ellos no las cumplían, porque eran expertos en la eximirse de ellas, con argumentos y excusas rebuscadas e incoherentes…
Veamos algunas de sus exenciones:
Lo máximo que se permitía recorrer el sábado eran 2.000 codos, algo menos de un kilómetro, desde su lugar de residencia. Pero si se ataba la cuerda al final de la calle, ése se consideraba su residencia, y podía alejarse de allí un kilómetro; si el viernes por la tarde dejaba en algún sitio alimentos suficientes para dos comidas, ese sitio se consideraba técnicamente como su residencia, y podía recorrer otro kilómetro a partir de allí. ¡Y así sucesivamente!
Uno de los trabajos prohibidos en sábado era hacer nudos, ya fueran de marino, o de camellero, o nudos en sogas. Pero una mujer se podía atar un nudo en el cinturón. ¡Así que, si había que atar el cubo para sacar agua del pozo, se ataba con el cinturón de una mujer, y en paz!
Estaba prohibido llevar cargas; pero estaba escrito en las leyes codificadas que < el que lleva algo, ya sea en la mano derecha o en la izquierda, o en el seno, o al hombro, es culpable; pero el que lleva algo en el reverso de la mano, o con el pie, o en la boca, o al codo, o en la oreja, o en el pelo, o en la bolsa del dinero puesta al revés, o entre la bolsa del dinero y la camisa, o en el forro de la camisa, o en el zapato o la
.sandalia, no es culpable, porque no lo lleva como se lleva corrientemente.»
Es increíble que pudieran pensar que Dios había hecho leyes semejantes, y que el tener en cuenta esos detalles era un deber religioso, y el cumplirlos era una cuestión de vida o muerte; pero ésa era la religión de los escribas. No nos sorprende que Jesús se metiera con los escribas, y que ellos le consideraran hereje e impío.
La actitud de los escribas con los profetas era paradójica. Les profesaban una profunda admiración a los de tiempos pasados; pero, si se encontraran con uno, tratarían de matarlo. Honraban a los profetas muertos con monumentos memoriales, pero deshonraban a los profetas vivos con persecución y muerte.
La esencia del mensaje profético era la antítesis de la enseñanza de los escribas; y Jesús estaba en la línea de los profetas (El asesinato de Zacarías se nos describe en 2 Crónicas 24:20-21).
Además los escribas bloqueaban el acceso a la Sagrada Escritura. Sus interpretaciones eran tan fantásticas que a la gente corriente le era imposible entenderlas. En manos de los escribas la Escritura se había convertido en un libro de enigmas. En su errado virtuosismo rehusaban ver el mensaje de las Escrituras para ellos mismos, y no se lo dejaban ver a nadie más. Ellos las habían convertido en algo exclusivo de los expertos y en un misterio tenebroso para todos los demás.

No pensemos que esto son sólo cosas del pasado. Sigue habiendo quienes les imponen a los demás unas obligaciones que ellos mismos no se sienten obligados a cumplir. Todavía existen personas para quienes religión no es más que legalismo.
Y también hay supuestos eruditos que hacen la Palabra de Dios tan difícil que desconciertan a las personas corrientes, que ya no saben lo que deben creer ni cómo agradar a Dios.
Por eso debemos ser cuidadosos en no caer en legalismos absurdos porque los dichos de Jesús contra los fariseos y los escribas pueden caer sobre nosotros con la misma dureza…
La Iglesia en nuestros días necesita que estas hipocresías sean denunciadas enfáticamente y a la luz de las enseñanzas del Maestro.





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